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Aunque es una reserva de la biodiversidad mundial, en el PNN Chiribiquete habitan diversas comunidades indígenas. FOTO: Julia Miranda/Parques Nacionales

Aunque es una reserva de la biodiversidad mundial, en el PNN Chiribiquete habitan diversas comunidades indígenas. FOTO: Julia Miranda/Parques Nacionales

Amazonia 2020, sin visión indígena

Sep. 17 de 2016

Por: Juan Álvaro Echeverri,
profesor titular - Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia

Mientras para los indígenas la naturaleza no es un recurso, proyectos como Visión Amazonia 2020 reducen el bosque a un repositorio de carbono que puede negociarse en el mercado mundial. Por eso, las medidas contra el cambio climático deberían tener en cuenta los derechos territoriales de las comunidades indígenas.

La deforestación y el cambio climático son temas relevantes en la agenda política mundial. En 2014, 32 países suscribieron la Declaración de Nueva York sobre Bosques, mediante la cual se comprometen a reducir a la mitad la pérdida de bosques naturales en 2020 y acabarla por completo en 2030.

Colombia forma parte de ese compromiso a través del programa Global 2020, una responsabilidad ambiciosa si se tiene en cuenta que la tasa de deforestación anual es de 120 hectáreas (ha), la mayoría en Amazonia.

La firma de estos acuerdos contrasta con la intención declarada del Gobierno de acelerar el desarrollo económico del país, en gran medida, a expensas de los bosques, minerales, hidrocarburos y otros recursos naturales, contenidos en las áreas que pretende proteger.

Aun así, anunció la puesta en marcha de los programas Visión Amazonia 2020 y Conservación de bosques y sostenibilidad en el Corazón de la Amazonia, dirigidos a la deforestación cero, el “desarrollo verde” y el desarrollo sostenible. Estas iniciativas involucran amplios territorios de resguardos indígenas en Caquetá, Guaviare y Amazonas y cuentan con financiación de Alemania, Noruega y Gran Bretaña.

La implementación de los proyectos está precedida de acciones como la ampliación de Parques Nacionales Naturales (PNN), en particular el PNN Chiribiquete, que pasó de 1’298.954 ha a 2’782.353 ha. La intensificación de las políticas de protección y ampliación de las zonas parece responder a la intención de crear capital natural en el mercado mundial de servicios ambientales, en particular, en los mercados de carbono. Precisamente, esta es la visión del mecanismo REDD+ (Reducción de emisiones por deforestación y degradación) que subyace a las estrategias de los proyectos.

El documento descriptivo del programa establece: “El gobierno está comprometido con el mecanismo redd+ de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y lo reconoce como una de las estrategias para gestionar la pérdida de bosques, biodiversidad y servicios ecosistémicos”. Asimismo, representa el primer programa piloto de REDD+ a escala subnacional en Colombia.

Los planes contra el cambio climático y la protección de bosques tienen impactos potenciales en los territorios de los pueblos indígenas de la Amazonia colombiana, pero las comunidades locales en los resguardos y las organizaciones locales tienen poca información sobre las propuestas. 

Demandas desatendidas 

Un gran programa REDD+ para el Resguardo Predio Putumayo está en desarrollo. Además, cuenta con el liderazgo del Foro Mundial para la Naturaleza (WWF–Colombia) y Forest Trends; y en asocio con la coordinadora Indígena de la Cuenca del Amazonas (Coica), la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac) y la Asociación Zonal Indígena de Cabildos y Autoridades Tradicionales de La Chorrera (Azicatch). Sin embargo, los indígenas de ese resguardo y de otros vecinos tienen información limitada sobre la propuesta y no están conscientes de cómo puede afectar sus tierras, bosques y modo de vida.

 La ampliación del PNN Chiribiquete ha extendido sus límites hacia los resguardos indígenas del medio Caquetá, ubicados en el área de influencia del programa Conservación de bosques y sostenibilidad en el Corazón de la Amazonia, pero las promesas del Gobierno nacional de atender sus demandas de ampliación de los resguardos no han sido cumplidas hasta ahora.

El mencionado programa también ha generado confusión en los resguardos afectados sobre el significado preciso de los términos empleados en los planes y acuerdos del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), como “ordenamiento ambiental” y “gobernanza ambiental”. Dependiendo del diseño final y los acuerdos con las organizaciones y comunidades locales indígenas, estas intervenciones nacionales e internacionales podrían generar riesgos, así como oportunidades para las comunidades.

Las concepciones indígenas del territorio, que incluye los bosques, el subsuelo, especialmente la historia, la vida y la memoria, tienen un fundamento vital y espiritual. Además, son diferentes de las nociones territoriales que subyacen a los planes y proyectos gubernamentales.

La Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia viene acompañando un proceso de investigación del pueblo féénemɨnaa (anteriormente conocido como muinane) de la región del medio Caquetá. El trabajo se concentra en el Resguardo Indígena Predio Putumayo para fortalecer el conocimiento y derechos ancestrales de los pueblos nativos frente a iniciativas de este tipo.

Como resultado de esos trabajos, a finales del presente año se publicará el libro Fééne fíívo játyɨ me iyáachimɨhai jíínɨje – Territorio primordial de vida de la descendencia del centro: Memorias del territorio del pueblo féénemɨnaa, el cual contiene su visión territorial indígena y es autoría de los ancianos de esa comunidad.

Según los líderes de este resguardo, la vida define y fundamenta el concepto de territorio, no es simplemente un pedazo de terreno que se puede vender o explotar. “Es, primero que todo, la vida entregada por Fíívo taadi, el abuelo creador. Allí, él asentó los bancos de la humanidad, los bancos de los dueños de los animales y los bancos de los dueños mitológicos, y dejó una ley para manejarlo, que no es una ley inventada por seres humanos –como las leyes de los no indígena–, sino una ley que nace del principio mismo de la vida. Esta vida y esta ley provienen de la formación del mundo y es muy sagrada: es la ley de origen”.

Para estas comunidades, la naturaleza no es un recurso; el monte, los árboles, los animales tienen dueños, con los que establecen relaciones de acuerdo con la ley de origen. Por el contrario, proyectos tipo Visión Amazonia 2020 plantean adoptar –sin ninguna reserva y postura crítica– mecanismos como redd+, cuya visión reduce el bosque a un repositorio de carbono que puede negociarse en el mercado mundial de servicios ambientales.



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