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Educación

Colombia: ¿más educada o más pavimentada?

Mar. 18 de 2017

Por: Ignacio Mantilla prada, rector Universidad Nacional de Colombia

En 2011, enmarcado en el Plan Nacional de Desarrollo, el Gobierno nacional propuso impulsar prioritariamente sectores que serían la clave para el desarrollo sostenible del país a mediano y largo plazo. Estos sectores se denominaron desde entonces las locomotoras para el desarrollo nacional. Una de ellas era la locomotora de la innovación, que según el mismo Plan aseguraría la sostenibilidad a largo plazo, pues impulsaría el avance en todos los demás sectores desde lo más fundamental: la investigación, el fomento de la ciencia y la creación de nueva tecnología. Para entregarle el suficiente combustible a esta locomotora de la innovación, el Gobierno tramitó ante el Congreso de la República la reforma constitucional que permitió destinar el 10 % de los recursos del Sistema General de Regalías al desarrollo de las ciencias, la tecnología y la innovación, creando un fondo específico para tal fin. Mediante esta misma estrategia se proponía cuadruplicar el presupuesto de Colciencias, soporte estatal para el desarrollo de la investigación en Colombia.

Lamentablemente, la reglamentación para la asignación y distribución de dichos recursos tuvo más en cuenta los intereses políticos departamentales que los criterios presentados por los académicos. Así, los recursos fueron asignados en su mayoría por las gobernaciones a los proyectos de investigación que para sus fines se consideraban apropiados. En efecto, con una visión eminentemente cortoplacista, algunos gobernadores han intentado apoyar proyectos que entreguen resultados durante su periodo de gobierno y su formulación se ha orientado hacia la consultoría o el trabajo especializado. Muchos esperan resultados que, como fruto de la investigación, resuelvan con agilidad necesidades locales insatisfechas por falta de políticas o recursos. Un importante número de esos “proyectos de investigación” no ha sido aprobado por los evaluadores. Algunos tampoco son viables técnicamente y han recibido un concepto negativo de Colciencias. Como consecuencia, buena parte de los recursos no se ha ejecutado.

Por más de dos años las universidades del país han presentado las críticas correspondientes al sistema de asignación y distribución de los recursos y, por supuesto, han formulado varios escenarios alternativos para organizar y mejorar la financiación a la ciencia, incluyendo la más obvia: que sea Colciencias, la entidad técnica del Estado, la que asigne los recursos.

Hoy, el mismo presidente Santos propone descongelar esos recursos de las regalías no ejecutados, cerca de $1,5 billones. Pero, en una incomprensible propuesta, trasladarlos para la construcción de vías terciarias.

Desde 2014 hemos pedido que se modifique la ley para que el 10 % de las regalías se destine a la investigación de manera más objetiva y técnica, evitando la baja ejecución por las razones expuestas. Lo que no se ha logrado en este lapso, ahora se va a obtener apoyados en el fast track legislativo, pero para quitarle los recursos a la investigación y destinarlos a la construcción de vías. Es decir que como la locomotora de la innovación jamás arrancó, se pretende deshuesarla y venderla por partes.

El presupuesto de Colciencias en lugar de incrementarse pasó de $427.000 millones en 2013 a $276.000 millones en 2016, una disminución superior al 35 % de su presupuesto anual. Esto, como es obvio, también ha repercutido en la investigación y particularmente en el número de becas. Es así como en la Universidad Nacional de Colombia se pasó de tener 314 estudiantes de posgrado becados por Colciencias en 2014 a tan solo 75 en 2016. De forma similar, el Programa Jóvenes Investigadores de Colciencias pasó de apoyar a 197 jóvenes de la Universidad Nacional en 2014, a solo 50 en 2016. Puesto que el número de estudiantes de posgrado ha aumentado, la disminución porcentual de estudiantes becados por Colciencias es aún más impactante.

Como se ve, se anhela que Colombia sea la más educada, pero se hace todo lo posible para que eso no se logre, pues tardíamente parece haberse comprendido que es más fácil y rápido pavimentar 1.000 kilómetros, que formar 1.000 nuevos doctores.

Lastimosamente, de nuevo la academia solo encuentra muros de silencio en sus solicitudes y llamados de atención. Se está condenando a un “paseo de la muerte” a la ciencia, la innovación y la investigación. En efecto, a nuestras quejas, reclamos, sugerencias o solicitudes se nos responde con redireccionamiento a otras entidades con poco poder de decisión o muy limitados recursos. Eso se observa con la respuesta a la carta que el Consejo Académico de la Universidad Nacional le envió al señor Presidente de la República el pasado
10 de febrero, ante el anuncio del cambio de destinación de los recursos de regalías no ejecutados aún. Con sorpresa la directora jurídica de Presidencia respondió que se daba trámite de nuestra misiva al Ministerio de Hacienda y Crédito Público, al Departamento Nacional de Planeación y a Colciencias. La remisión de la solicitud a estas dependencias es una clara forma de dilación.

El cambio de destinación de $1,5 billones de regalías constituye un daño enorme para el apoyo de la ciencia y la investigación en el país y representa una visión atrasada y pobre en la consolidación del desarrollo de nuestra Nación. En lugar de hacer ciencia, desarrollar tecnología y solucionar con nuestro intelecto las necesidades del país, se prefiere cambiar el destino de estos recursos (no renovables), ya prometidos a la innovación, para dedicarlos a la construcción de vías terciarias. Hubiese sido incluso una buena oportunidad para apoyar la investigación en temas afines, para disminuir la adopción de tecnologías y métodos foráneos y empezar a desarrollar con nuestros investigadores y talentosos estudiantes la adecuada construcción de vías en la compleja geografía nacional.

Colombia tiene una inversión en investigación menor que el 0,3 % del PIB. Los países que sobresalen en ciencia y tecnología invierten el 5 % de su PIB. No entiendo cómo, con estas “innovadoras estrategias colombianas”, que van en contra de todo sentido común, se pretende ser el país más educado de la región, ingresar al club de países desarrollados de la OCDE y consolidar una paz sostenible a largo plazo.

Señor Presidente, confío en que su buen juicio y su capacidad de comprensión lo aparten de las asesorías inconvenientes, para que pueda tomar una decisión de líder, de estadista que entiende que lo primero para lograr la equidad es la educación. Una acción en ese sentido le ganaría el reconocimiento universitario de su verdadera visión.



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