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Ciudad & Territorio
El POZ Norte comprende un área de 1.800 hectáreas de suelo del norte de Bogotá (Suba y Usaquén) para construir 120.000 viviendas. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

El POZ Norte comprende un área de 1.800 hectáreas de suelo del norte de Bogotá (Suba y Usaquén) para construir 120.000 viviendas. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

¿Cómo gobernar la ciudad con perspectiva regional?

Apr. 22 de 2017

Por: Yency Contreras Ortiz, profesora,
Instituto de Estudios Urbanos (IEU) - Universidad Nacional de Colombia

Después de la firma por decreto del proyecto Lagos de Torca, surgen preocupaciones sobre la manera como se articularán las estrategias regionales de los pot de municipios como Chía, si habrá suficiente infraestructura, o cómo se garantizará el acceso a los servicios públicos.

Equivalente a la población de Villavicencio, Armenia o Santa Marta, el Plan Zonal de Ordenamiento del Norte (poz Norte), denominado Lagos de Torca, comprende un área de 1.800 hectáreas de suelo del norte de Bogotá (Suba y Usaquén) para construir 120.000 viviendas.

La iniciativa no tendría implicaciones únicamente para la ciudad, pues se asiste a la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en el 80 % de los municipios colombianos, entre ellos los de la Sabana, vecinos de Bogotá.

En ese sentido, Lagos de Torca es una expresión de lo que será el modelo de ocupación y la apuesta del ordenamiento de la actual administración.
Sin embargo, en este plan se generará oferta para al menos 400.000 personas en el área urbana de Bogotá. Al respecto surgen varias inquietudes.

La primera tiene que ver con el tamaño de la ciudad y la articulación con las estrategias regionales de los POT de los demás municipios de la Sabana, ya que el proyecto limita por el norte con el municipio de Chía.

No es suficiente “planear” el desarrollo inmobiliario de una zona de la ciudad como un proyecto en sí mismo, pues aunque en Bogotá existe un déficit de vivienda y la construcción es un renglón importante de la economía, la respuesta no se podría plantear solo en términos de más unidades habitacionales.

Es necesario pensar el ordenamiento de la ciudad y sus vecinos en términos regionales, lo cual implica cuestionarse por la movilidad, el espacio público, los equipamientos, los servicios públicos y la sostenibilidad territorial.

Aunque el POZ Norte sugiere el desarrollo de zonas mixtas, es evidente que casi el 85 % podría ser vivienda (125 mil, de las cuales 50 mil serían subsidiadas). Ello plantea la necesidad de pensar lo que implicaría no solo en requerimientos de equipamiento (colegios, hospitales, cades), espacio público y soportes urbanos, sino en la localización de centros de empleo y en la articulación con los demás usos de la zona. 

Transporte insuficiente 

Otro reto de Lagos de Torca es construir una propuesta para el desarrollo y la construcción de infraestructura. Las vías son importantes para el proyecto
“hacia adentro”, pero es necesario pensar asimismo en la calidad de vida de sus habitantes cuando tengan que desplazarse o moverse por la ciudad. Además, municipios como Chía acaban de aprobar importantes zonas de expansión para el desarrollo, también de usos inmobiliarios.

En ese sentido es importante garantizar un sistema de movilidad que articule la zona con la ciudad y la región. Ello lleva a preguntarse por proyectos como el Tren de Cercanías, el Metro o el transporte público idóneo para impedir el colapso de la Autopista Norte (el proyecto aprueba dejar el terreno, pero no garantiza que se construya antes o al mismo tiempo que los desarrollos inmobiliarios).

Merece la pena advertir que en la actualidad los buses de Transmilenio del Portal Norte inician su recorrido con los cupos llenos, ¿cómo se espera transportar a las 400.000 personas adicionales de la nueva “ciudad”? 

Incremento en precio del suelo 

El tiempo que tardará en desarrollarse el Plan y la captura de plusvalías en el proceso también forman parte de las preocupaciones.

La cercanía a la estructura ya existente de Bogotá y las mejoras en infraestructura vial podrían generar una ciudad expandida, incluso en otros municipios vecinos con importantes vacíos urbanos y suelos con “norma aprobada” esperando a que el mercado los consuma o a que los ciclos económicos los requieran, con los respectivos incrementos en el precio del suelo.

Es importante prever los mecanismos de captura de plusvalía que ello genera para la ciudad, no solo en recursos sino en la ejecución efectiva de obras y proyectos que mejoren la calidad de vida de los nuevos habitantes y de los que ya viven en la ciudad.

Los planes parciales son un instrumento muy potente; sin embargo tienen restricciones en términos no solo de aprobación sino de gestión asociada y de ejecución. Hoy el suelo del POZ Norte ya tiene localizaciones de colegios, cementerios y otros equipamientos sobre los cuales se inicia un proceso de concertación con sus propietarios.

Así mismo es fundamental –casi que una condición sine qua non– plantearse los temas relacionados con servicios públicos. Es necesario tanto evaluar de dónde provendrá el agua para los nuevos usos inmobiliarios, como garantizar en esta zona de la ciudad los servicios de alcantarillado necesarios para el volumen de actividades y personas que se localizarán allí.

En cuanto al espacio público, aunque la apuesta es por un gran parque metropolitano, con el cual se estima pasar de 6 a 14 m2 por habitante en el área de Lagos de Torca, es fundamental plantear la discusión más allá de una visión paisajística y cuantitativa, ya que en algunos casos las condiciones ambientales de dicha zona se deben proteger, y en otros se debe gestionar su recuperación. 

Agenda regional 

La planeación y gestión ambiental va más allá de parques o senderos intervenidos. La consolidación de un sistema de espacio público requiere de conectividad física, pero también de conectividad ambiental y ecosistémica.

El espacio público y el ambiente se deben configurar como un sistema territorial regional y no debe limitarse solo al POZ Norte. Esta discusión incluye, además, la necesidad de tener en cuenta los valores ambientales tanto de la Reserva Forestal Thomas van der Hammen (el Plan limita por el oriente con esta) como del conjunto de zonas de Lagos de Torca y los espacios y zonas ambientales de los municipios vecinos.

Con base en lo anterior, la discusión sobre los procesos de conurbación tiene que ser seria, pues este no es un fenómeno inevitable frente al cual no exista posibilidad alguna de actuación gubernamental.

El centro del debate es plantear una agenda regional para el conjunto de variables que determinan la sustentabilidad del territorio y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes.

No se trata solo de construir más ciudad, sino de gobernar la que ya existe y de reflexionar sobre la necesidad de fortalecer el papel de las ciudades intermedias, planeadas, viables y sostenibles, que reduzcan la presión sobre el crecimiento de la ya, de por sí, enorme Bogotá. Esto debería ser un
tema de la agenda regional y nacional.

En esta discusión el sector público y sus autoridades son fundamentales, pero también la garantía de un sector privado con responsabilidad social. En este escenario, las modificaciones de los POT que ya iniciaron se constituyen en una oportunidad trascendental en la vida de los habitantes de las áreas urbanas y de la puesta en valor de la articulación de lo urbano con lo rural.



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