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Parte de los recursos se destinarán a programas de erradicación, No proliferación, Antiterrorismo y Desminado. foto: El Tiempo

Parte de los recursos se destinarán a programas de erradicación, No proliferación, Antiterrorismo y Desminado. foto: El Tiempo

Estados Unidos y la construcción de paz en Colombia

Sep. 17 de 2016

Por: Diana Marcela Rojas,
profesora, Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) Universidad Nacional de Colombia

Con el Plan Colombia, el país fue el principal receptor de la ayuda estadounidense en Latinoamérica y modelo de una forma de intervención orientada al fortalecimiento del Estado. Ahora, el programa Paz Colombia creará condiciones para el posconflicto.

A principios de 2016 se conmemoraron los 15 años del Plan Colombia, a través de esta estrategia el gobierno colombiano buscó finalizar el conflicto armado interno con el respaldo político, económico y militar de Estados Unidos (EE. UU.). Hoy se plantea la continuidad de esta alianza a través de Paz Colombia, programa con el que Washington reafirmaría su apoyo al proceso de paz y la etapa de posconflicto que seguiría. ¿En qué consiste esta nueva fase de la estrategia?, ¿cuáles son los temas clave? y ¿qué factores inciden en la aprobación ante el congreso estadounidense?

Con el objetivo de enfrentar por vía militar a la guerrilla, el Plan Colombia fue concebido, inicialmente, en el gobierno de Andrés Pastrana y el respaldo de la administración de Bill Clinton, como una intensificación de la lucha antinarcóticos; rápidamente, asumió la forma de una estrategia contrainsurgente legitimada a través de la lucha global contra el terrorismo declarada por el presidente George W. Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Después, el Plan sería la base de la política de seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe Vélez y, más recientemente con el gobierno de Juan Manuel Santos, la estrategia contribuirá a crear las condiciones para el proceso de negociación con las FARC. Una ayuda calculada en cerca de 10.000 millones de dólares para el conjunto de la estrategia, convirtió al país en el principal receptor de ayuda estadounidense en la región y el show case (modelo) de una forma de intervención orientada a la reconstrucción estatal.

Tres lustros después, el balance del Plan Colombia no es unívoco. De un lado, el proceso de paz es en parte resultado del debilitamiento de la guerrilla en el campo militar y político. La disminución en algunos de los índices de violencia, así como la recuperación de condiciones de seguridad en varias regiones del país son avances por destacar. La percepción internacional sobre el país también ha cambiado y de manera favorable. Además, el espaldarazo de Washington fue decisivo a la hora de crear consensos entre las élites colombianas y legitimar la política de pacificación ante la ciudadanía.

Por otro lado, sin embargo, los factores que han contribuido a la perpetuación del conflicto armado están aún presentes, como la lucha contra las drogas, que sigue siendo la guerra fallida que alimenta diversas formas de violencia; o las llamadas bandas criminales o bacrim, resultado del reciclaje de guerrillas y paramilitares.

De igual manera, las fallas institucionales así como las prácticas políticas corruptas son elementos que promueven la ineficiencia y la debilidad del sistema democrático; las condiciones de pobreza y subdesarrollo constituyen el sustrato de la injusticia social y el malestar de una parte significativa de la población. Así, sin llegar a instituir la panacea de todos los males del país y con resultados contrastados, el Plan Colombia contribuyó a sentar las bases del fin de la guerra*. 

Recursos para el posconflicto 

Con el inicio de los diálogos en La Habana, el Plan entró en una nueva fase y EE. UU. manifestó su respaldo decidido al proceso de paz. Muestra de ello fue el nombramiento de Bernie Aronson como enviado especial para las negociaciones con las FARC.

Pese al perfil discreto que han mantenido sus funcionarios y diplomáticos, ese país ha cumplido un papel central en el actual proceso de paz; además de servir como mediador entre las partes, le conciernen directamente temas sustanciales de la agenda de negociaciones, como la política antinarcóticos, la extradición de los jefes guerrilleros y la reorientación de las Fuerzas Militares de Colombia hacia el posconflicto.

Paz Colombia promete contribuir en la creación de las condiciones en esta nueva etapa a través de la financiación de programas con ayuda externa estadounidense. Para el año fiscal 2017, el gobierno de Barack Obama solicitó 450 millones de dólares, distribuidos en torno a cuatro elementos principales.

El primero de ellos está dirigido a financiar la paz territorial. Esto es el fortalecimiento de la presencia del Estado en zonas históricamente abandonadas y los programas de atención a las víctimas, las minorías étnicas, la justicia, los derechos humanos y los proyectos de construcción de paz. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) está a cargo de tales programas.

El segundo corresponde a los recursos destinados a la lucha contra las drogas. Además de subvencionar la erradicación manual de la coca y la interdicción marítima y aérea, estos recursos promueven una mayor presencia de la policía en las zonas rurales, así como patrocinar la cooperación técnica en materia antinarcóticos con otros países de la región.

El tercer elemento corresponde a la ayuda militar para respaldar las fuerzas militares colombianas y, así, consolidar los avances en el campo de la seguridad que fueron alcanzados con el Plan Colombia. En este rubro se subvencionan los programas de inteligencia y entrenamiento.

El último componente corresponde a los programas de No proliferación, Antiterrorismo y Desminado (NADR, por sus siglas en inglés). A través de estos recursos se financiaría el programa multilateral de desminado.

A diferencia de lo ocurrido en el Plan Colombia, pues la mayor parte (80 %) de la ayuda estadounidense era de carácter militar, en el presupuesto para el año entrante se hace mayor énfasis en la asistencia de carácter económico y social (cerca del 50 %). Mientras se afianza el proceso de posconflicto, se espera que estos programas aumenten su participación en el total de la ayuda otorgada por Washington en los años venideros.

En cuanto a la aprobación del nuevo paquete de ayuda, por parte del Congreso estadounidense, no existen mayores dificultades dado el sostenido respaldo bipartidista que ha tenido la política hacia Colombia desde 2000. Sin embargo, el gobierno de Obama está muy atento a los resultados del plebiscito para la refrendación de los acuerdos de paz, así como a los compromisos para su implementación.

Asimismo, factores externos pueden incidir de manera negativa en la continuidad de la ayuda estadounidense teniendo en cuenta la proliferación de conflictos armados en países  de Oriente Medio y África, y las demandas por mayores recursos ante la necesidad de atender crisis internacionales, entre ellas la de los refugiados y los desastres naturales debidos al cambio climático.

Con su actual política, Estados Unidos parece estar tan comprometido en la construcción de la paz como lo estuvo en la que esperamos haya sido la última etapa de la guerra en Colombia. 

* Para un análisis detallado del tema consulte el libro El Plan Colombia: la intervención de Estados Unidos en Colombia 19982012. Bogotá, de la autoría de la profesora Diana Marcela Rojas del Iepri.



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