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Ciencia & Tecnología

Este horno tiene la ventaja de que, una vez cocinada la cerámica,

puede sacarse instantáneamente, pues sale a una temperatura de 300°C. A partir de ese momento no hay riesgo de rompimiento. - Andrés Felipe Castaño/Unimedios

Horno energético para cocinar artesanías sin contaminar

Nov. 07 de 2009

Por: Luis Miguel Palacio, Unimedios

Dejar de comer para no contaminar parece ser la única alternativa de los habitantes del municipio de Ráquira (Boyacá), cuya cocción de cerámica en rudimentarios hornos de carbón lo ubicó como el cuarto del país donde es más peligroso respirar. A partir de la problemática, un equipo de investigadores de la UN creó un horno que revoluciona la forma de cocinar “tiestos” cuidando el medioambiente.

Gracias a un decreto de 2008, este pueblo boyacense, conocido mundialmente por sus artesanías en arcilla, apaga sus contaminantes hornos a carbón los fines de semana. Al llegar el lunes, se convierte nuevamente en una bocanada mortífera de humo negro que enferma a sus habitantes.

La anterior es una de las medidas tomadas por el municipio luego de conocerse, en 2007, el informe Calidad del aire, realizado por el Ideam y el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, en el que se evidencia que el material particulado menor a 10 micras (que pasa directamente a las vías respiratorias) y las partículas totales suspendidas en el aire del pueblo superan los niveles permisibles de concentración anual.

La problemática parece no tener fin, pues aunque existe un decreto que prohíbe la construcción de hornos a carbón en el casco urbano y rural, tan solo entre septiembre y octubre fueron sellados aproximadamente 20 de estos artefactos que habían sido construidos clandestinamente luego de la norma.

Pero, ¿son suficientes estas medidas cuando existen más de 155 hornos a carbón contaminando ininterrumpidamente de lunes a viernes? ¿Será suficiente la transformación a gas de dichos hornos para contrarrestar la problemática ambiental, de salud y energética que plantea esta actividad económica?

La problemática actual


Antes de empuñar la arcilla, el artesano tiene dibujada en su mente la figura que moldeará. Frente a una torneta, elabora una pulida matera que saldrá de las montañas colombianas a embellecer un balcón madrileño.

El proceso completo, desde que una pieza entra en el horno hasta que sale, puede tardar tres días. Primero es necesario cocinar las figuras a una temperatura de 900°C, durante aproximadamente 30 horas. Luego es preciso esperar hasta 48 horas más el enfriamiento de la cerámica para sacarla a temperatura ambiente. Es justamente durante las 30 horas de cocción donde el humo incesante despedido por el horno de carbón, los gases calientes y el material particulado son liberados al aire para ir directamente al organismo de los habitantes del pueblo.

Según Yeidi Espitia, médica rural del puesto de salud San Antonio de la Pared, la causa del 90 por ciento de las consultas en el mes de septiembre de 2009 fue por enfermedades respiratorias como rinofaringitis viral y conjuntivitis alérgica, que tienen relación directa con la calidad del aire. Así mismo, en un reporte entregado por la Alcaldía Municipal de Ráquira a la Contraloría General de Boyacá, se menciona que “en el año 2007 se presentaron 459 casos de niños menores de cuatro años con enfermedad pulmonar crónica y 380 con infección respiratoria aguda. Esta cifra es alarmante si se tiene en cuenta que, para ese mismo año, según el DANE, Ráquira tenía un aproximado de 12.800 habitantes y el 75 por ciento de la economía se basa en la artesanía, por lo que dejar de cocinar cerámica sería una catástrofe para el bolsillo familiar.

Hornos a gas

De los aproximadamente 180 hornos habilitados en el casco urbano y rural de Ráquira, solo 25 de ellos están funcionando a gas, la mayor parte con propano, debido a que en este municipio boyacense no existe una red industrial para conectar todos los hornos a esta modalidad, la cual está funcionando en el tope de su capacidad, según informó Carlos Pineda, secretario de Planeación del Municipio. “Una solución con respecto a las redes de gas natural sería la creación de una zona industrial. Desde 2002 insistimos en el tema, pero en Ráquira es complicado, porque la mayoría tiene su horno en el sitio de vivienda”, insistió Pineda.

Aristóbulo Rodríguez, el mayor comerciante de cerámica en Ráquira y exportador de sus artesanías a Estados Unidos y Europa, expresó que una zona industrial es “inviable”. Lo mismo dijo el empresario Armando Salinas: “Es literalmente imposible”. Ambos aducen que cada artesano debe manejar su horno debido al carácter delicado de las piezas antes de la cocción.

Actualmente, el alcalde del municipio, Reyes Manuel Suárez, logró avalar un proyecto en Ingeominas por $670 millones para reemplazar 28 hornos de carbón por hornos de gas propano y natural. Con los de carbón restantes, el alcalde tiene en mente un proyecto para reconvertir 100 chimeneas con un mecanismo de aspersión que capte el material particulado, antes de ser arrojado al aire. “Esperamos que en 10 años no existan hornos de carbón en esta población”, expresó.

El prototipo de la UN

Conociendo el dilema del municipio artesanal, un equipo de investigadores de la UN encabezado por los ingenieros mecánicos Fabio Sierra y Luis Alejandro Pirabán diseñó un horno energéticamente eficiente con un concepto que revoluciona la forma de hacer artesanía.

El invento consiste en un armazón con cuatro cámaras giratorias hechas en ladrillo refractario. En la primera cámara ingresan las piezas moldeadas, se gira el horno y éstas van al sector de secado, gira nuevamente y entran a la cámara de cocción, para finalizar con el último giro en la zona de enfriamiento. Cada giro se realiza en hora y media, y mientras esto ocurre, simultáneamente entra al horno otra “cochada” de cerámica. De esta manera, el proceso de secado, cocción y enfriamiento que dura en Ráquira tres días, en el horno diseñado por los ingenieros de la UN se minimiza a cinco horas.

En momentos en los que en el mundo se trabaja para consumir de forma eficiente la energía, en Ráquira se desperdicia. En sus hornos de carbón o gas a gran escala, la energía que utilizan los artesanos para cocinar la cerámica es liberada inmediatamente al medioambiente a una temperatura entre 400 y 500 grados centígrados, cuando esos gases podrían ser reutilizados para disminuir el consumo de energía, maximizar ganancias económicas y reducir efectos ambientales que contribuyan al calentamiento global.

Según Sierra y Pirabán, con el horno de la UN se aprovecha al máximo la energía y se disminuye hasta en 320°C la temperatura del gas arrojado al ambiente por el horno a carbón. Esto sucede porque en el horno giratorio los gases calientes que salen de la cámara de cocción pasan a la cámara de enfriamiento, luego circulan a la cámara final de secado para salir al entorno a 180°C. A través de esta circulación de la energía se ahorra hasta un 40 por ciento de combustible en comparación con el horno de carbón, se contamina menos y la calidad de la cerámica aumenta, pues sale del horno sin residuos de carbón.

Algunas personas se preguntan por qué los chinos producen, a bajo costo, artesanías que hoy tienen invadido el mundo… Simplemente porque incorporaron la ingeniería en sus procesos de producción. ¿Se animará Ráquira? ¿O seguirá aplicando pañitos de agua fría a un problema de calor extremo?…



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