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Ciencia & Tecnología

Fracking, una herramienta de cuidado

Oct. 11 de 2014

Por: Carlos Alberto Vargas J.,
profesor asociado, Departamento de Geociencias - Universidad Nacional de Colombia

Al analizar los principales puntos de controversia en torno al uso del fracking en la explotación de hidrocarburos, se advierte que esta técnica puede ser aprovechada para ampliar el mercado internacional, aunque con un estricto control técnico en el aspecto ambiental. Su uso puede ser bueno o malo, dependiendo de quién lo aplique, cómo y dónde.

El fracking o fracturamiento hidráulico es una operación que optimiza la conductividad de fluidos en cierto tipo de rocas conocidas como shales, las cuales se encuentran sepultadas a varios kilómetros de profundidad para facilitar la movilidad de hidrocarburos líquidos o gaseosos.

El proceso ha estado en un candente debate en el mundo y por estos días en Colombia, debido a potenciales amenazas sobre el entorno ambiental. Más allá de la discusión que suscita su posible impacto, debe reconocerse que, en su carácter de herramienta, su uso puede ser bueno o malo, dependiendo de quién lo aplique, cómo lo aplique y dónde lo aplique. El tema es semejante a un tratamiento médico: para algunos, los efectos secundarios pueden ser aceptables, pues mejoran su calidad de vida, mientras que para otros, el riesgo es inaceptable.

Los diferentes aspectos que convergen en la controversia deben ser abordados de forma objetiva por el Gobierno Nacional, con el fin de decidir su aplicación y evitar discusiones adversas al desarrollo de la Nación. 

Mercado y coherencia ambiental 

La incorporación de nuevas reservas que apalanquen el marco fiscal a mediano y largo plazo y que aseguren el autoabastecimiento son las principales preocupaciones del Gobierno ante la ausencia de descubrimientos relevantes en los últimos años y frente al estímulo dado al consumo y exportación de gas domiciliario, vehicular, comercial e industrial.

A lo largo del Valle del Magdalena, la Cordillera Oriental, el Catatumbo y Cesar Ranchería podrían desarrollarse recursos potenciales de hasta 4.500 millones de barriles con este tipo de herramienta, que sustentarían consumos para escenarios altos y un crecimiento sostenido de aproximadamente el 5 %, en al menos los próximos 25 años. Se trata de recursos nada despreciables si Colombia busca consolidar su economía y una vocación exportadora de energía.

En cuanto al manejo ambiental, el país plantea un claro contraste de consumo de combustibles fósiles y carbón, respecto a países como China, EE. UU. e India, para sostener el crecimiento económico.

Ahora, una nueva presión internacional para reducir las emisiones contaminantes acusa tanto a consumidores como a productores. Escasas termoeléctricas y consumos industriales marginales de carbón representan poco en la problemática de emisiones por parte de Colombia.

Pero el impacto de lo exportado trasciende temas de contaminación y salud pública en otros sitios del planeta. Con un exigente control técnico se podrían explotar los recursos no convencionales evitando fugas de gases livianos, uno de los principales argumentos de los detractores del fracking

Garantías para la tierra y el agua 

Quienes cuestionan la técnica aseguran que requiere de recursos hídricos que podrían ser utilizados para otros fines y que además contamina las fuentes con químicos riesgosos para la salud.

Tales juicios podrían alejarse de la realidad, pues una vez transitada la etapa inicial de la operación se da un contraflujo de agua superior al inyectado inicialmente, debido a un proceso de desadsorción por el cual se libera gas y agua a la vez.

El recurso hídrico resultante debe llevarse a piscinas de tratamiento para su posterior uso. Una adecuada ingeniería puede garantizar suficiente agua para viabilizar programas productivos en la zona de influencia.

Respecto a los químicos contaminantes, diluidos en más del 99,5 % del volumen inyectado, se trata de ácidos ligeros, bióxidos, inhibidores, reductores de fricción y surfactantes que evitan la degradación de los canales por los que circula el hidrocarburo.

En los incidentes reportados (por ejemplo en la revista Nature del 15 de septiembre de 2011), este tipo de compuestos no aparecen, lo que reafirma el rol de filtro natural que desempeñan las rocas, desde el yacimiento hasta la superficie. Solo surgió gas metano en los casos donde se evidenciaron malas prácticas en procesos de cementado y sellado de pozos.

En el debate también se argumenta que los procesos productivos agrícolas, ganaderos e industriales en superficie pueden verse interferidos con estas operaciones. Este es un elemento de permanente conflicto en otros países, el cual debe evitarse con una adecuada planeación de operaciones.

Será deber del Gobierno Nacional actualizar constantemente la reglamentación y generar el máximo control para disuadir potenciales confrontaciones entre operadores y comunidades. El Gobierno también debe mantener la vocación agrícola en las zonas con operaciones extensivas de fracking

Compensaciones y sinergias 

Entre las expectativas por el uso de esta técnica, se pide compensación justa y legislación para evitar la corrupción. Después de la fase exploratoria, las operaciones no pueden abordarse con compensaciones transitorias o con solo un pago, así sea significativo.

A pesar de los contrastes sociopolíticos de países como EE. UU., China e India, es común el malestar de algunas comunidades al sentir que su suelo fue invadido por poco y con un impacto a largo plazo.

Las instalaciones en este tipo de operaciones generan huellas paisajísticas y cambios de cotidianidad en la vida rural. Por ello las servidumbres deben ser adecuadamente pactadas bajo estrictas reglas, en las que el Gobierno Nacional ejerza control para que no existan visos de corrupción.

Para los detractores de esta tecnología, el principal argumento surge de posiciones de desconfianza entre comunidad y operadores, por antecedentes que han dejado un segmento marginal de la industria que desarrolló prácticas ineficientes.

El Gobierno debe conjugar una sinergia interministerial entre minas, ambiente y justicia, para generar espacios de confianza con las comunidades. Los esfuerzos políticos de cada ministerio por estos días carecen de coordinación estructural, pues responden de forma puntual a temas coyunturales en tiempo y territorio, sin una visión única de desarrollo. Esta desarticulación impide pensar en un Estado garante para la comunidad, convirtiéndose en argumento para estos grupos.

Infortunadamente, ante la polarización política del país, es evidente que cualquier tema se vuelve excusa para generar oposición y, en este caso particular, hasta quienes opinan se sienten expertos en contradecir. 

Que juegue el Gobierno 

Ante la pregunta ¿es bueno o malo?, la respuesta es: se trata de una herramienta, cuya carga de culpa debe desviarse hacia legítimos actores. Entre los años 2010 y 2011, diversos artículos de opinión en diferentes partes del mundo clamaron la necesidad de realizar estudios que dieran respuesta a las anteriores preocupaciones.

Un significativo número de artículos científicos con revisión por pares fueron publicados en los últimos tres años, en particular con enfoques socioambientales y político-económicos. Con dicha evidencia, el Gobierno Nacional tiene el balón en su cancha, pero es tiempo de que empiece a jugar para garantizar el equilibrio y la viabilidad del fracking con su pertinente aplicación y armonía ambiental.

Con sus instituciones desarticuladas, concentrando sus acciones de forma asincrónica en tiempo y espacio, no podrá lograrlo con la oportunidad que requiere la Nación. La apertura de nuevas ofertas regionales, por ejemplo México, requiere de acciones ágiles y eficientes, centradas en una entidad de control que sea garante para todos los actores, como una superintendencia de asuntos hidrocarburíferos y ambientales, cargada de todas las herramientas jurídicas y policivas del caso.



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