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Medio Ambiente

Obras en el Magdalena arriesgan sustentabilidad del río

Mar. 18 de 2017

Por: Germán Vargas Cuervo, profesor,
Departamento de Geografía - Universidad Nacional de Colombia

Antes de invertir miles de millones de pesos en el uso intensivo del principal sistema fluvial del país, tal como se tiene previsto con el contrato firmado con Navelena (envuelta en el escándalo de corrupción de Odebrecht), es recomendable pensar en cómo desarrollar acciones para garantizar la sustentabilidad del río por un periodo más largo.

Desconocer el comportamiento natural de ríos como el Magdalena lleva al deterioro de los sistemas naturales. Cada sector productivo se aproxima a él a partir de sus intereses, aunque las acciones u obras que realizan ponen en riesgo su sostenibilidad. El despropósito más reciente que se pretende es el proyecto de navegabilidad.

Esa iniciativa no busca recuperar la navegabilidad, porque siempre ha existido, sino el aumento de la capacidad de carga con embarcaciones que muevan entre 800 y 1.000 millones de toneladas/año. Para ello es necesario transformar el canal navegable en cerca de 600 km. Solo entre Puerto Salgar y Barrancabermeja está contemplada la ejecución de 168 obras hidráulicas rígidas que incluyen 82 diques direccionales, 43 diques de alineamiento y 43 revestimientos.

El mayor efecto ambiental de estas obras es que estarían modificando la movilidad natural del cauce activo y los procesos dinámicos y bióticos en el lecho mayor, las llanuras de inundación y las ciénagas asociadas.

Según Óscar Alonso Vargas, gerente de Sustentabilidad del Consorcio Navelena (filial de Odebrecht),  “habrá unas obras piloto para saber cómo se comporta el río, las cuales serán las primeras que se construirán para la protección de las orillas, en las costas de las veredas Santo Domingo, de Barrancabermeja, y San Luis Beltrán, de Yondó”.

Para los expertos en sistemas fluviales naturales, en el comportamiento de su composición, estructura y dinámica en el tiempo y el espacio es evidente que estas obras no pueden ser de “prueba y ensayo” para ver cómo se comporta el río. Por eso es muy importante que los colombianos comprendan que tratar de controlar los cauces activos o cuerpos de agua sin estudios técnicos adecuados provoca grandes daños, pues evita su dinámica o movilidad propia.

Por otro lado, no se pueden pasar por alto los supuestos manejos de corrupción por parte de Odebrecht sobre el proyecto, dinero que seguramente iría en detrimento de los estudios a realizar y los manejos ambientales de las obras proyectadas. 

Sistema natural 

Comúnmente cuando se hace mención al río se hace referencia al cuerpo de agua, conocido técnicamente como “cauce activo”. Sin embargo los cauces fluviales representan un sistema natural en el que interactúan varios componentes fundamentales que son: cauce activo, lecho o cauce mayor, dique aluvial, llanura de inundación, ciénagas y delta.

El cauce activo representa el cuerpo de agua en un momento determinado; puede contener islas fluviales, y barras y playas de arenas. Puede desarrollar diferentes formas de acuerdo con sus condiciones hidrológicas y sedimentológicas de un solo cauce de forma rectilínea, sinuosa o meándrica, o en varios cauces o brazos de formas tabulares (dos brazos paralelos), formas trenzadas o anastomosadas con varios brazos que se cruzan entre sí.

El cauce activo del río Magdalena –con más de 1.500 km de longitud– presenta desde su nacimiento toda una diversidad de formas, con anchos que van desde unos pocos metros en su nacimiento hasta 1.800 m en aguas bajas y 2.700 m en aguas altas.

En cuencas medias y bajas dicho cauce necesita movilidad para mantener su equilibrio hidro-sedimentológico e hidráulico. Este movimiento puede ser frontal y lateral sobre el denominado lecho mayor, el cual sirve para amortiguar naturalmente las aguas en periodos de invierno y fenómenos extremos (fenómeno de La Niña). En algunos tramos del río Magdalena este alcanza anchos de hasta de 5 km. 

No aguanta más presión 

Otros aspectos importantes que no se pueden perder de vista en relación con la sustentabilidad del río se relacionan con el hecho de que en la actualidad existen cerca de 950 títulos mineros legales, sin contar con las concesiones temporales, principalmente para la extracción de materiales de construcción (arcillas, limos, arenas, gravas) con fines de apoyo a las obras de infraestructura y los planes de vivienda social.

Si bien estos propósitos sirven para fomentar el desarrollo del país, es importante valorar en conjunto los impactos ambientales que se están dando sobre el sistema natural con efectos sobre los cambios morfológicos de los cauces, que producen cambios de los regímenes de sedimentación y erosión, desbordes, rompederos e inundaciones.

Dentro de los efectos también se encuentra el de la minería de oro en la cuenca Cauca-Magdalena que recibe los contaminantes de los desechos de la minería tanto legal como ilegal que por siglos ha utilizado mercurio, que es volátil a temperaturas altas y se concentra en suelos y sedimentos aluviales afectando la cadena de ecosistemas acuáticos y terrestres.

De igual manera, en el área de influencia del río Magdalena se presentan 18 departamentos y 726 municipios, 115 de los cuales tienen sus cabeceras en el lecho mayor del río.

La afectación realizada por los habitantes de esas zonas por sus necesidades de agua potable y el vertimiento de aguas residuales marcan un deterioro constante de este recurso hídrico, y los riesgos por inundaciones y desbordes en estas poblaciones mal ubicadas dentro del lecho mayor.

Así mismo, el Magdalena presenta un gran número de ciénagas y grandes extensiones de llanuras de inundación, principalmente en la denominada depresión momposina que cubre una superficie aproximada de 23.000 km2, la cual es sometida a intensos procesos de sedimentación por la degradación de suelos y tierras interandinos y la alta presión de distritos de riego de la zona.

Otro aspecto legal imperante a evaluar es la ronda hídrica. El Decreto Ley 2811 de 1974, por medio del cual se expidió el Código Nacional de Recursos Renovables, establece en su artículo 83, que “son bienes inalienables e imprescriptibles del Estado, entre otros, […] la del cauce permanente de ríos y lagos, hasta de treinta metros de ancho […]”. Esta medida resulta inadecuada si se considera el río como un sistema natural, en el cual el cuerpo de agua es solamente un elemento.

Algunos de los ejemplos anteriores llaman la atención sobre la alta presión que los colombianos estamos realizando en el río Magdalena y que lo vuelven un sistema fluvial vulnerable para generaciones futuras. Las entidades gubernamentales, la academia y la sociedad en general deben tomar acciones claras y eficaces para evaluar conjuntamente todos sus impactos y establecer medidas de restauración y conservación ambiental.



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