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En los mapas de los años setenta se observa que la deforestación y los cultivos ilegales aumentaron en zonas en las que se adelantaban los proyectos gubernamentales. foto: El Tiempo

En los mapas de los años setenta se observa que la deforestación y los cultivos ilegales aumentaron en zonas en las que se adelantaban los proyectos gubernamentales. foto: El Tiempo

Planes de desarrollo inconclusos favorecen deforestación y cultivos de coca

Mar. 18 de 2017

Por: Vanessa Cardona, Unimedios Bogotá

En los años sesenta y setenta aumentaron la tala de árboles y la afectación del paisaje en Colombia, Perú y Bolivia. Las causas de esta situación no fueron las plantaciones de coca sino los planes de desarrollo del Estado, que no tuvieron visión e implementación de largo plazo.

Durante los últimos 15 años los cultivos ilícitos de coca –presentes en 24 de los 32 departamentos en Colombia– han provocado un daño forestal de enormes proporciones. Según el Observatorio de Drogas de Colombia, en 2014 se talaron 608.000 hectáreas (ha) de bosque húmedo tropical, es decir un promedio de 40.500 ha por año, 111 por día.

Otros organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Oficina de la Casa Blanca de la Política Nacional para el Control de Drogas han afirmado en diferentes oportunidades que por cada hectárea de coca sembrada hay varias deforestadas.

Sin embargo, una investigación adelantada en los bosques del Amazonas de Colombia, Perú y Bolivia mostró que la mayor parte de la deforestación no es causada por el cultivo de coca sino por los planes de infraestructura inconclusos que se dieron durante los años sesenta para abrir la frontera amazónica por medio de proyectos de desarrollo y la construcción de carreteras.

Liliana Dávalos –profesora de Ecología y Evolución de la Universidad de Stony Brook (Nueva York)– y Dolors Armenteras, docente del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UN), evaluaron la contribución de los cultivos de coca a la deforestación en la Región Andina y analizaron la distribución espacial de los cultivos en los países productores. Para ello tomaron como fuente principal artículos recientes que analizan la deforestación en la región, y artículos y documentos de 1970 y 1980 sobre los planes y proyectos de desarrollo en la zona.

“En la actualidad los tres países suplen la demanda mundial de cocaína ilegal. Sin embargo, mientras en Colombia la mayor extensión de cultivos de coca está dispersa en ecosistemas distintos desde los piedemontes andinos hasta la Amazonia, Orinoquia y el Chocó biogeográfico, en Perú y Bolivia han estado concentrados en la vertiente amazónica en zonas de frontera agrícola, mismos sitios donde emergieron hace más de 30 años”, explica la profesora Dávalos.

La investigadora destaca además que en la última década Bolivia ha experimentado la tasa de deforestación más alta, con un 0,6 % anual; Perú se ha mantenido con el porcentaje más bajo, 0,2 % anual, y Colombia en el medio con el 0,3 %. Sin embargo, está claro que la pérdida de cobertura vegetal se concentra en zonas de expansión de la frontera agrícola.

En el estudio se analizaron 12 proyectos de desarrollo adelantados en los tres países durante los años sesenta y setenta, los cuales estaban enfocados en incentivar la colonización de la Amazonia implementando nuevas vías e infraestructura, desarrollo rural y suministro de los servicios necesarios para los asentamientos urbanos.

Carretera marginal de la selva

Entre 1962 y 1972, por ejemplo, había alrededor de 2,5 millones de personas que buscaban tierras en Colombia. Al desarrollar esos territorios amazónicos, los gobiernos nacionales pretendían aliviar la presión sobre las ciudades capitales que se encontraban en rápido crecimiento, y asegurar así los alimentos y las mercancías para cada Nación.

Los proyectos se abrieron en las afueras de la selva amazónica. En el caso de Colombia se hizo en Guaviare, Caquetá y Putumayo; en Perú, en Alto Marañón, el río Apurímac, Pichis-Palcazú y el valle del río Huallaga; y en Bolivia, en Alto Beni, Chapare y al este de Santa Cruz, sitios que luego se convirtieron en puntos calientes para el cultivo de coca.

A estos se suma la Carretera Marginal de la Selva, un megaproyecto vial conocido como Troncal de Piedemonte que arrancó en 1963 y que busca conectar las regiones amazónicas de Colombia, Ecuador y Perú con las de los llanos de Venezuela y Bolivia por vía terrestre.

Para el estudio se hizo una modelización del paisaje que permitió medir la influencia de estos proyectos sobre la distribución actual del cultivo de coca y comprobar si coincidían. En esta tarea se tuvieron en cuenta 984 municipios de los tres países.

Para poder hacer el análisis se representaron 3.525.806 km2 del bioma amazónico en 24.898 píxeles. Así, se encontró –con más de un 90 % de probabilidad– que los lugares donde está actualmente la coca coinciden con las áreas en las que se adelantaron estos proyectos.

Además, concluyeron que cuanto mayor fuera la distancia del municipio con el proyecto más cercano, menor era la probabilidad de que hubiera presencia de cultivos de coca.

La aparición de cultivos de coca en estos lugares se debió a que los esfuerzos por parte de los gobiernos no se mantuvieron y en los tres países los objetivos de productividad agrícola no se cumplieron.

“Muchos campesinos terminaron migrando a las ciudades y el modelo de desarrollo resultó ser el mismo que se había replicado en otras zonas de cada país, es decir que al abrir monte esos bosques se transformaron en corto tiempo
–en algunos casos de manera inmediata– en pastizales de baja productividad”, explica la docente Armenteras.

Convertir el bosque en zonas agrícolas resultó necesario para reclamar títulos de tierras, y los cultivadores lo lograron con mayor eficiencia mediante la quema del bosque y el desmonte para el pastoreo, aumentando la deforestación en la zona. Por falta de cobertura los agricultores enfrentaron más lluvias y plagas agrícolas, y además no contaban con un buen drenaje y la fertilidad del suelo era deficiente.

Paisaje degradado

Por estas razones, la construcción, la mejora y el mantenimiento de las carreteras resultaron más costosos y difíciles de lo previsto, y la infraestructura para apoyar a los agricultores permaneció incompleta durante décadas.

“La apertura de los caminos abrió la frontera amazónica occidental, promovió la migración y, una vez el apoyo disminuyó, el terreno quedó preparado para el cultivo de coca”, afirman las docentes, quienes agregan que a esto se sumó la crisis económica de los años setenta y ochenta, época en la que los agricultores en América Latina disponían de menos apoyo institucional y financiero. Al mismo tiempo, la demanda internacional de cocaína explotó y la coca se mostró como la principal alternativa agrícola.

Aunque estos proyectos comenzaron hace más de 30 años, su huella perdura en el tiempo con la degradación del paisaje y la permanencia de los cultivos ilegales.

Las investigadoras esperan que los resultados, que ya fueron publicados en la revista Bioscience, ayuden a aprender del pasado y a evitar la repetición de errores. Es necesario que los proyectos de desarrollo involucren a las comunidades de la Amazonia para establecer metas explícitas de conservación forestal, desarrollo agrícola y que el plan sea sostenible durante décadas, y no solo en los años de inversión.



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