escudo
escudo colombia
Unidad de Medios de Comunicación - Unimedios
UN Periódico
inicio
sedes
correo
pd
Medio Ambiente

Si no se aplican los principios de ordenación de recursos genéticos, será imposible que los esfuerzos de producción y conservación de especies marinas puedan obtener buenos resultados a largo plazo. Foto: Víctor Manuel Holguín/Unimedios

Repoblación de animales marinos afecta especies nativas


Por: arlos Andrey Patiño Guzmán,
Unimedios

En el Caribe colombiano se están sacando animales marinos de un sitio para repoblar otro donde hay escasez. Una investigación demuestra que el traslado indiscriminado de especies foráneas, sin estudios previos, afecta seriamente la salud de las nativas y la conservación de su legado genético.

El ejemplo puede sonar extravagante, pero expone bien la situación: “Si se redujera la población raizal de San Andrés y se decidiera repoblar la isla con población antioqueña, ¿este archipiélago sería el mismo? La respuesta es no, sin importar que ambos pueblos sean colombianos”, dice la bióloga Edna Márquez, del Grupo de Biotecnología Animal de la UN en Medellín.

Lo mismo sucede con las especies del mar Caribe colombiano. Así como los grupos humanos adquieren ciertas características luego de años y años de asentarse en un lugar, los animales adquieren particularidades genéticas que, según Márquez, poco se tienen en cuenta a la hora de planear la repoblación de especies en sitios donde han empezado a escasear.

“Analizamos tres especies: la damisela bicolor (Stegastes partitus), el pargo (Pagrus pagrus) y el caracol pala (Strombus gigas Linnaeus). Este último tiene un gran problema de conservación porque las densidades disminuyeron considerablemente en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, así como en la región del Caribe continental. Por eso, las poblaciones están más expuestas a la endogamia y a la pérdida de variación genética”, dice la bióloga.

En la investigación se estudiaron las similitudes genéticas entre comunidades localizadas en diversos puntos de la geografía marítima. El caso del caracol pala es crítico, ya que, para mejorar las densidades en los bancos, se tomó la medida de relocalizar poblaciones. Según la científica, estas disposiciones traen más perjuicios que beneficios, pues se desconocen los patrones de su variación genética.

Por ejemplo, se corre el riesgo de ‘contaminar’ las reservas de cada región marina por la introducción indeseada e incontrolada de genes a una población. Esto puede alterar los ecosistemas y, en algunos casos, contribuir a la extinción de reservas naturales. Cuando se trabaja sobre la conservación, esta situación puede evitarse.

La bióloga Edna Márquez dice que puede ocurrir que los descendientes (genotipos) de los “no nativos” sean mayores que los de la especie local, lo que conllevaría a una dura competencia por la alimentación y el territorio.

Otro efecto devastador podría ser la llegada de enfermedades infecciosas o parasitarias. En el caracol pala, el parásito Coccidio apicomplexa se ha relacionado con la baja reproducción. Si un organismo como este se extendiera entre las poblaciones, las afectaría notablemente, pues la mayoría no está lista para combatirlo.

“Se podría asimilar con lo que le pasó a los indígenas de América. Sus cuerpos no estaban preparados para contrarrestar las enfermedades que trajeron los europeos. Por eso millones de nativos murieron”, expone la científica.

Conexiones genéticas


El estudio halló que, contrario a lo que se pensaba, el pez pargo y el caracol pala no tienen una población homogénea en zonas que se supone debería existir conexión genética. Es el caso del archipiélago de San Andrés. Los caracoles pala que se encuentran en el norte son diferentes a los que se hallan en el sur.

La investigadora explica que en el sur existe una reserva genética que se extiende por Alburquerque, Cayo Bolívar y probablemente la isla de San Andrés; otra, muy sólida y distinta, se halla en Providencia, Quitasueño, Roncador y Serrana, y una más está cerca de Jamaica, en los cayos de Bajo Alicia, Bajo Nuevo y Serranilla.

“Es necesario aclarar que cada reserva tiene varias poblaciones distantes entre sí. En esos casos, se pueden relocalizar especies debido a que sus características son muy similares. Pero traer un caracol del stock genético ubicado cerca de Jamaica y mezclarlo con el de la isla de San Andrés no es conveniente”.

Sucede igual con las reservas de peces y caracoles del litoral Caribe. La de los moluscos en los alrededores de las Islas del Rosario, en Cartagena, se relaciona más con una existente en el sur del archipiélago de San Andrés, en cambio, no tiene nada que ver con la que hay en el archipiélago de San Bernardo, ubicado en el mismo golfo de Morrosquillo, sobre las costas del departamento de Bolívar.

“¿Por qué los caracoles del sur del archipiélago no se parecen genéticamente a los del norte, pero sí tienen relación con los hallados en Islas del Rosario?”. Es algo que inquieta a biólogos como Edna Márquez.

En el caso del caracol pala, lo grave es que tanto en Islas del Rosario como en el sur del archipiélago las densidades han disminuido notablemente. En estos sitios hay más explotación comercial de los moluscos. Por el contrario, la población está más robustecida en la frontera norte del mar Caribe colombiano.

Las diferencias físicas también son evidentes. Estudios morfométricos (forma y medida) sobre el pargo L. synagris evidencian variaciones entre grupos de La Guajira y Santa Marta. En caracol pala, utilizando morfometría geométrica (medida tridimensional), se hallaron disparidades en la conformación de la concha entre poblaciones de San Bernardo (Bolívar) y otras continentales y del archipiélago.

Planes incipientes


Desde los años 70 en el país existen regulaciones para la captura del caracol pala. Hay épocas de vedas oficiales para recuperar las poblaciones. Sin embargo, la ley permite capturar peces o caracoles por debajo del tamaño adulto, con la creencia de que ya alcanzaron la madurez sexual. “Que la norma lo permita es un contrasentido”, dice Márquez.

Los biólogos de la UN encontraron que el tamaño de los animales no siempre es sinónimo de que puedan reproducirse. “La ausencia de adultos que dejen sus gametos acaba con la fuente de diversidad que sostiene la comunidad. La pesca ilegal es un asunto que se sale de las manos de los organismos de control”, enfatiza la bióloga.

Es por eso que la Corporación Autónoma Regional de San Andrés (Coralina), la Secretaría de Agricultura y Pesca Departamental y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) decidieron hacer repoblación de peces trasladando individuos de un sitio a otro, al ver que las vedas no cumplen el objetivo.

Ahora, datos como los de la UN podrán ayudar a la relocalización de peces, pero teniendo en cuenta elementos más profundos y respetando las comunidades nativas de peces y caracoles. El beneficio es de doble vía.



Edición:
UN Periódico Impreso No. 132

Comentarios

No hay comentarios

Número Actual

Ediciones Anteriores.






Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 No 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
PBX: 3165000 ext. 18108 
agenciadenoticias@unal.edu.co
Aviso Legal