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Sesquicentenario

Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos

Sep. 16 de 2017

Por: Ignacio Mantilla Prada, rector Universidad Nacional de Colombia

Comparto con todos los lectores de UN Periódico el sentimiento de alegría que me embarga por tener la fortuna de estar al frente de la Universidad Nacional de Colombia para celebrar los 150 años de vida de esta institución que nos ha brindado a tantos colombianos una formación privilegiada, la mayoría de los cuales no hubiésemos podido ser profesionales de no haber obtenido un cupo en ella.

Conmemorar este importante aniversario representa para todos sus estudiantes, profesores, egresados, empleados, padres de familia y amigos, celebrar un cumpleaños en el seno de una numerosa familia que se llena de alegría y que con respeto y cariño expresa gratitud y respaldo a su alma mater.

Durante 15 décadas, la Universidad Nacional de Colombia se ha abierto un camino para llegar a ocupar un lugar de liderazgo en la educación superior y en la investigación científica del país;  hoy es un importante referente de calidad en estos campos. Pero sin duda lo más valioso es que nos hemos hecho merecedores del afecto y la confianza de la sociedad colombiana.

La celebración de estos 150 años de existencia también coincide con el loable esfuerzo de los colombianos por dejar atrás las últimas cinco décadas de conflicto armado. Los integrantes de nuestra comunidad han estado a la altura de este momento histórico, participando activamente en este proceso y contribuyendo con las herramientas y los métodos necesarios para el éxito del Acuerdo Final de Paz; por lo tanto, como muchas veces en estos años
de existencia institucional, nos espera de nuevo el reto de apoyar el desarrollo del país desde el pensamiento crítico universitario, tras el fin del conflicto armado.

La Universidad Nacional de Colombia, que fue y es testigo y protagonista de los principales hechos políticos del país, no va a ensimismarse en su historia, por el contrario, y en honor a ese glorioso pasado, debe esforzarse por seguir siendo impulsora de la producción científica y estudiosa de la realidad social.

Hoy la universidad pública más importante del país atiende los dos niveles extremos de la educación universitaria: la profesional básica y la doctoral, el nivel más alto de formación. Dichos extremos se cubren por medio de una amplia oferta de programas de pregrado y posgrado que la Institución ha venido creando y consolidando a lo largo de su historia y que nacieron de las seis escuelas originales sobre las que se erigió la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia en septiembre de 1867: la Escuela de Medicina, de Jurisprudencia, de Ciencias Naturales, de Ingeniería, de Artes y Oficios y de Literatura y Filosofía.

Pero además la Universidad conserva intacto su carácter nacional, ya que con el paso de los años ha profundizado aún más y de forma constante su influencia regional con una clara vocación investigativa. Es así como podemos combinar el desarrollo de importantes proyectos de investigación en nuestras sedes de frontera, por ejemplo, con el despliegue de actividades docentes dirigidas a estudiantes que apenas inician su carrera.

En concordancia con esta realidad, y conscientes de nuestro papel en la construcción de país, en la Universidad Nacional de Colombia hemos fortalecido la inclusión social facilitando el ingreso a los habitantes más vulnerables del territorio nacional –que en muchos casos han sido relegados por el sistema escolar y excluidos de oportunidades de acceso a la educación superior–, tarea prioritaria que se hace a través del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) y de los Programas de Admisión Especial (Paes), que cada vez toman más fuerza y sentido en nuestras actividades misionales.

Con una población cercana a los 54.000 estudiantes provenientes de todos los departamentos y seleccionados entre aspirantes de unos 1.000 municipios, la Institución representa hoy la mayor y mejor universidad del país. En la actualidad un 50 % de sus casi 3.000 profesores están formados a nivel doctoral, lo que a su vez refleja la gran capacidad humana para abordar la investigación y la innovación que se requiere.

Este protagonismo que hoy tenemos no está medido a la luz de la banalidad mediática sino por la producción de herramientas que permiten mejorar la calidad de vida de todos los colombianos, y cuando me refiero a todos incluyo a quienes están lejos de las cabeceras municipales, a los que deben caminar horas y hasta días para llegar a un salón de clases, y a las víctimas de la guerra. También a los habitantes de los bordes y las periferias de las ciudades, y a los excluidos por su condición religiosa, sexual o política.

En el país no existe otro centro universitario que reúna tanta diversidad cultural como la Universidad Nacional de Colombia. Desde sus aulas se fomenta la tolerancia y el respeto a la diferencia. En ella tendremos cabida todos aquellos que compartamos el hábito de la excelencia.

Con el Sesquicentenario la comunidad universitaria tiene el reto de contribuir al fortalecimiento de la Institución y de cuidar juiciosamente los nuevos espacios físicos puestos a su disposición para garantizar una mejor formación, entre ellos el edificio de Ciencias en Manizales, el Ágora de Medellín, la Sede Tumaco, el moderno edificio de Enfermería o el nuevo Hospital Universitario Nacional. Este último les ha posibilitado a más de 1.500 estudiantes de pregrado y posgrado de Medicina, Nutrición, Enfermería y Farmacia realizar sus prácticas generando un alto impacto en el sistema de salud capitalino, pues ya se han contabilizado 2.400 cirugías practicadas en él. La Universidad Nacional de Colombia –que por primera vez en 150 años cuenta con su propio hospital– ha realizado una inversión que supera los 100.000 millones de pesos para la primera fase, y espera impulsar la siguiente.

Se avecina ahora un nuevo gran reto para responder a la comunidad del Cesar en su deseo de tener allí una sede de la Universidad, la Sede de La Paz. De la mano de las autoridades regionales y nacionales, la construcción de este nuevo campus para la Universidad –entre Valledupar y el municipio de La Paz– está a punto de concluir y la Institución lo recibirá para responder a la formación profesional de los jóvenes de esta zona del país, buscando una estrecha conexión entre los programas profesionales y de posgrado para satisfacer las necesidades de formación de alta calidad que aquejan a la región.

Por supuesto, estos grandes esfuerzos son necesarios, y contamos con cada uno de ustedes para que la Universidad Nacional de Colombia siga siendo el faro indiscutible de la educación superior del país.

Los invito a que lean con atención esta edición especial de UN Periódico, que desde el presente se sumerge en el pasado evidenciando de forma contundente que nuestra Universidad tiene un gran futuro, porque –retomando las palabras del expresidente Alfonso López Pumarejo– “no hemos dejado de ser la Universidad de la Nación”.



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