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Análisis

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Financiarización, origen de la crisis económica mundial

Apr. 12 de 2009

By: Julio Solano Jiménez, Catalina Cárdenas Piedrahita, Centro de Investigaciones para el Desarrollo, CID Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

Aunque las autoridades económicas son culpables por la poca regulación, y los operadores de los mercados financieros, por su codicia, es necesario remontarse a la década de 1970 cuando se modificó la arquitectura económica internacional.

En los últimos meses, miles de analistas en todo el mundo han dedicado la mayor parte de su tiempo a explicar las causas de la crisis financiera internacional y a proponer fórmulas mágicas para enfrentarla.

Sin embargo, la mayoría se centra en dos explicaciones principales: por un lado, que la culpa es de unos banqueros ‘sinvergüenzas’ que escondieron la información adecuada e hicieron creer falsamente a los inversionistas que los valores, que tenían en acciones o en bonos, eran altísimos; cuando en realidad se trataba de ‘títulos basura’ sin el respaldo suficiente.

De otra parte, expertos como el Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, insisten en que las políticas fallaron y que hubo mucha desregulación, lo que debilitó los controles al sistema financiero, de tal manera que con el escaso control no pudieron alertar a tiempo que las entidades estaban malsanas, y continuaban captando recursos privados y públicos a un hueco sin fondo.
La falta de regulación y la ola de privatizaciones a ultranza, principalmente en la década de 1990, llevaron a dejar en manos de las empresas privadas una gran cantidad de funciones y de procedimientos del Estado sin control del mismo. Es decir, que el exceso de privatización y de desregulación llevaron al debilitamiento del Estado.

Ahora bien, sin negar las anteriores explicaciones, Darío Indalecio Restrepo, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, considera necesario hacer un análisis más profundo y buscar las causas estructurales de la crisis en lo que algunos economistas han denominado la financiarización de la economía.

Los orígenes de dicho fenómeno se remontan a 1971 cuando el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon decidió desvincular el dólar del oro. Hasta ese momento, un banco nacional no podía emitir moneda sin tener algún bien productivo que lo respaldara, era como un ancla que ligaba la producción de moneda a la riqueza de las naciones.

Con la medida de Nixon, asegura el profesor Restrepo, el ancla se desprendió y los Estados empezaron a emitir moneda sin respaldo de sus aparatos productivos (industria, comercio, infraestructura, máquinas, etc.) y se consolidó al dólar como el patrón de cambio internacional. Eso puso a Estados Unidos en una situación de privilegio frente a los demás países, ya que quienes deseaban acceder a créditos debían tener reservas en dólares.

Fue tan favorable la medida para Estados Unidos que, a pesar de incrementar la emisión de dólares, no sufrió problemas inflacionarios. Según el profesor Restrepo, EE.UU. exportó la inflación, ya que los países petroleros, China, India, entre otros, captaron toda esa cantidad de dólares e hicieron grandes reservas en fondos soberanos.

De la misma forma, exportó su déficit fiscal, ya que el mundo entero ‘invirtió’ sus ahorros en EE.UU. En la década de 1990, por ejemplo, buena parte del ahorro del sistema productivo latinoamericano no se tradujo en inversión nacional, sino en exportaciones de ese ahorro para vincularlo al sistema financiero internacional, por las rentas que eso generaba, las que además eran seguras, crecientes y no pagaban impuestos.

Por lo tanto, por la vía del monopolio del dólar y del desarrollo de su sistema financiero, el más sofisticado en el mundo, EE.UU. fue exportando su inflación y haciéndole pagar al mundo entero, en cierta medida, su deuda, agregó el profesor Restrepo.

Sin embargo, eso no quedó impune, pues creó una distancia vertiginosa entre bienes financieros y la economía real, y con base en eso se creó una sobrevaloración de las cosas que llevó, como consecuencia, a que los precios de las acciones en la bolsa subieran más que la rentabilidad efectiva de los negocios.

Esto, a juicio del profesor Restrepo, es una exhuberancia de la subjetividad de lo que en el futuro pueden llegar a valer las cosas, que se generan por el exceso del circulante financiero, respecto de la economía real, advierten los economistas que comparten esta teoría.

La ruta es quebrar
el patrón oro


Cuando de dar soluciones se trata, aparecen tesis de todo tipo; algunos recomiendan proteger el mercado nacional, invertir en infraestructura, tratar de mantener la demanda, bajar las tasas de interés para que haya más créditos, ocuparse de los más pobres, emprender procesos de industrialización, apoyar a ciertos sectores de la economía, aumentar el gasto público, entre otras medidas.

Sin embargo, para el profesor Restrepo la clave está en quebrar el ciclo de lo que se produjo, ya que enfrenta una efervescencia muy similar a la que se vivió en 1929: el sector inmobiliario y las acciones estaban disparados, y en tres años el 90 por ciento del comercio internacional se había deprimido (bajó al 10 por ciento) y el crédito internacional bajó 70 por ciento. Es decir una depresión general y una desvalorización de las cosas.

Hasta hace pocos meses se registró un exceso de moneda respecto de los bienes reales; se disparó el precio del petróleo; el valor de las casas se triplicó; se encarecieron los precios de los alimentos, los metales y demás materias. Sin embargo, luego de los excesos de moneda y de valor, hoy se registra una depreciación general de los valores, del capital y de los activos.

Es la más grande estafa que se le ha hecho al mundo entero, ya que el valor de esas acciones era la succión que se capturó de muchos fondos de pensiones; de ahorros de ciudades, pueblos y departamentos; de grupos económicos; de empresas grandes, pequeñas y medianas, etc., asegura el profesor Restrepo.
Por cerca de cuatro décadas EE.UU. ha tenido el monopolio para subordinar el conjunto de las economías nacionales y la economía internacional al manejo de su política monetaria, por lo tanto hay que superar el patrón dólar, agrega el profesor Restrepo.

Por ejemplo, semanas atrás, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, le propuso al presidente Álvaro Uribe Vélez realizar los intercambios comerciales en sus monedas nacionales. Y, aunque no hay una solución única, parece que el camino es abrirse a otras posibilidades: intercambios en monedas nacionales y monedas regionales (asiática, europea, latinoamericana, africana, etc.)



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