escudo
escudo colombia
Unidad de Medios de Comunicación - Unimedios
UN Periódico
inicio
sedes
correo
pd
Nación

Alfonso López modernizó al país al remover por primera vez la estructura económica colombiana. Foto: El Tiempo

Alfonso López Pumarejo: el presidente del siglo XX

Oct. 24 de 2009

By: Ciro Alfonso Quiroz Otero, Profesor U. Nacional de Colombia

Se cumplen 50 años del fallecimiento de uno de los principales estadistas que ha tenido Colombia. Un hombre que abrió camino para grandes transformaciones en la industria y el comercio, la educación pública y la justicia, entre otros aspectos políticos, económicos y sociales que impulsaron el desarrollo de la sociedad colombiana.

Era el 6 de septiembre de 1933 cuando al ser postulado candidato a la Presidencia de la República por el Liberalismo, Alfonso López Pumarejo acuñó su impronta “La Revolución en marcha”, corolario de lo que sería su programa gubernamental: “Efectuar por medios políticos y constitucionales todo lo que haría una revolución por medios violentos”.

Hijo de Pedro Aquilino López, empresario bogotano, y Rosario Pumarejo Cotes, vallenata, López nació en Honda el 31 de enero de 1886 y murió en Londres el 20 de noviembre de 1959.

Fundador muy joven del Movimiento Republicano, escribió en los periódicos El Liberal, El Republicano y El Diario Nacional. Amigo del ingeniero y líder conservador Laureano Gómez, ambos hicieron oposición al presidente Abadía Méndez, aunque serían después encarnados contradictores ideológicos. Fue diputado a la Asamblea del Tolima en 1915, Ministro del Tesoro en 1922, representante en 1925 y director del Liberalismo en 1929 (exhortó desde allí a los liberales a la unión), y además fue senador en 1930. Fraccionados los conservadores por las candidaturas de Valencia y Vásquez Cobo, López logró hacerse a la Presidencia en 1934 y repetir en 1942, pero un año después, acorralado por una fuerte oposición de empresarios, renunció.

Conocedor de los postulados del radicalismo liberal, acosó históricamente a los conservadores que habían propiciado la derogación de la Constitución ultraliberal de 1863.

Según Carlos Perozzo, “López tuvo valor civil y prestancia intelectual de quien se sabe vocero y portador de una justa causa”, con el fin de embestir contra el acumulado social, económico, político y religioso al rezago de los constituyentes de la ultramontana, inflexible y dogmática Carta de 1886. La que fue freno de los impulsos evolutivos de la ciencia y la política que López lideró con “un carácter polémico, ardiente y decidido” para suceder al Presidente Olaya Herrera, líder estudiantil contra Reyes, quien fuera luego profesor de la Facultad de Derecho y con quien tenía un lejano parentesco al decir de Aníbal Noguera.
Así, abrió camino para grandes reformas al Estado colombiano, al controvertir aquella desueta constitución retardataria de necesidades políticas y económicas.

Un país moderno

En marcha la revolución, Alfonso López modernizó al país al remover por primera vez la estructura económica colombiana con postulados actualizantes que permitieran un desarrollo industrial y agrícola, con el fin de facilitar la incursión en la era de la modernización, utilizándose por primera vez el concepto de “Ciencia y Tecnología” como necesidad de progreso. Para lograrlo, el presidente liberal promovió la Reforma Constitucional de 1936, inspirada en la libertad y fortaleciendo el régimen tributario mediante impuestos directos al patrimonio.
En el concepto de familia se institucionalizó el matrimonio civil y el divorcio, creando derechos para hijos naturales conforme a la Ley 45 de 1936.

Sobre lo judicial, una carta suya al presidente de la Corte Suprema de Justicia, de agosto 17 de 1934, definió su prospecto al propulsar: Además de la independencia e imparcialidad de la justicia, “… esta no debía ser un cuerpo judicial no siempre resignado a recibir instrucciones que violentaran su conciencia y pretendieran hacerle violar su juramento”, y destaca luego: “… necesitamos la cooperación invaluable de los jueces porque a ellos está confiado, quizá en un modo más definitivo que a los otros poderes, el sostenimiento de la democracia”. De esta manera, seleccionado un cuerpo de juristas capaces, autónomos, fue tal el perfeccionamiento de la institución, que abogados y tratadistas de la época la llamaron “La nueva Corte”.

Cimiento de la educación pública

La educación tuvo empuje en todos sus niveles al reestructurarse en contenido y proyección. La Universidad siguió otro rumbo. Un domingo mientras descansaba en su finca Santa María, al contemplar la topografía luminosa de la Hacienda El Salitre, propiedad de don José Joaquín Vargas, decidió comprarla para consolidar el espacio de la Ciudad Universitaria, gestión encargada al intelectual payanés Manuel Antonio Arboleda, como primer Secretario General, quien infortunadamente habría fallecido en la tragedia de Fúquene.

Reformada la academia, se previó su autonomía, su cogobierno, su centralización física e integración de facultades, profesorado por mérito, golpeando en su monopolio al clero. En proyecto quedó el examen de estado como medida valorativa de capacidad y calidad intelectual para el título académico, según cuenta el ex rector Luis Carlos Pérez.

Con el fin de reducir las horas de formación religiosa, desde la época del Presidente Holguín se marginó a la Iglesia de la supervisión de la educación, mientras las libertades de enseñanza y conciencia recobraban autonomía. Por primera vez se reconoció igualdad a la mujer y la educación sexual asumió por fin su papel. Al crearse la Normal Nacional, profesores especializados dieron vuelco a la enseñanza y a la investigación.

Se impuso una función social a la propiedad privada, expresa en la Constitución de 1936, y la Ley 200 del mismo año incorporó el trabajo como parte de la propiedad misma, consagrándose la reversión del bien al Estado por ociosidad. Una nómina de “jueces de tierra” se ocupó de los conflictos entre propietarios, aparceros y arrendatarios.

El conflicto con el Perú, que no pasaba de anécdotas, sátiras y rumores de los conservadores, tuvo en López una solución política satisfactoria.

Era la tarde del 22 de septiembre de 1958, fiesta de la academia, y se condecoraba al Presidente Alfonso López Pumarejo por su obra, quien en su discurso atribuyó: “A la preocupación que caracterizó mi actividad ciudadana de dar a las nuevas generaciones la educación y la preparación que a mí me hicieron falta”, pero más todavía: “… para satisfacer el deseo de un colombiano que no tuvo Universidad…”.

A ciento setenta y cuatro años de fundada la Universidad y cincuenta de fallecido López Pumarejo, el rector Moisés Wasserman y el gobernador del departamento del Cesar, Cristian Moreno, han concebido la posibilidad de crear una nueva sede de la UN en Valledupar.



Edición:

Comments

No comments

Archive






Universidad Nacional de Colombia
Carrera 45 No 26-85 - Edificio Uriel Gutiérrez
Bogotá D.C. - Colombia
PBX: 3165000 ext. 18108 
agenciadenoticias@unal.edu.co
Aviso Legal