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Política & Sociedad
El 11 de marzo de 2018 se llevarán a cabo las elecciones para el Congreso. foto: Ovidio González/Unimedios

El 11 de marzo de 2018 se llevarán a cabo las elecciones para el Congreso. foto: Ovidio González/Unimedios

Crisis en Unidad Nacional refuerza incertidumbre en el país

Aug. 19 de 2017

By: Andrés Dávila Ladrón de Guevara,
director, Departamento de Ciencia Política - Pontifica Universidad Javeriana

Con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2018, la llamada Unidad Nacional se desmorona y fragmenta. A pesar de que se habla de una oportunidad para nuevos líderes, movimientos y fuerzas políticas, la contienda se dará dentro de los linderos del actual sistema político, tal y como sucede cada cuatro años.

Colombia se apresta para el cierre del actual gobierno y el desarrollo del proceso electoral de 2018. Pese a los logros de la paz y de un conjunto de indicadores sin duda favorables en temas de pobreza, desempleo, inflación y crecimiento, el freno en el desempeño de la economía, más los escándalos de corrupción y la supuestamente costosa implementación de la paz, marcan una época de incertidumbre.

Como es obvio, el sistema político sufre los impactos de esta situación, en particular el adolescente sistema de partidos surgido en 2003. Al ser de centro derecha, ha tenido virtudes como ordenar la competencia política entre un variopinto número de partidos en escena. Estos reflejan las preferencias, los intereses y las posiciones de la sociedad colombiana con respecto a la política.

Aun así, el sistema enfrenta varios retos. El primero, la incapacidad de articular lo nacional, lo regional y lo local. El segundo, el hecho de que no existe, en la práctica, un primus inter pares: varios partidos de tamaño semejante compiten por imponerse, lo cual ha generado, por ejemplo, la prevalencia en la coalición de la Unidad Nacional del partido más pequeño: Cambio Radical.

Una primera descripción muestra que en el centro derecha del espectro están los partidos de la Unidad Nacional (el Partido de la U, Liberal, Cambio Radical y Conservador); en la derecha se encuentra el Centro Democrático, una oposición que parece cada vez más fundamentalista e ideologizada bajo el mando del senador Álvaro Uribe Vélez; por distintos lugares del espectro revolotean los verdes; y, en un patio trasero, estrecho e incómodo, está la izquierda, incluidos los progresistas del exalcalde de Bogotá Gustavo Petro. A ese mismo lugar llegarán las Farc convertidas ahora en un partido político.

En el escenario descrito prima la fragmentación; por eso vale la pena realizar un breve recorrido por la situación actual de los miembros de la coalición de la Unidad Nacional, la cual sigue siendo necesaria para el cierre del gobierno, a pesar de sus fisuras.

Dicha situación se hace visible, primero, por la etapa que afronta el Partido de la U que, entre los escándalos de corrupción y el rechazo a la nueva conformación del gabinete ministerial, pasando por la decisión de no tener candidato presidencial propio, parece abocado a una innegable crisis; y segundo, en la aparente consolidación de Cambio Radical; por ejemplo, los recientes nombramientos apuntalan el enorme poder entregado al exvicepresidente Germán Vargas Lleras, a pesar del silencio que guarda con respecto a presentar su candidatura para las elecciones presidenciales de 2018.

Los partidos mencionados están en plena adolescencia y de allí que sus crisis puedan amenazar incluso su supervivencia. En cambio, dentro de la misma coalición están un par de venerables “ancianos”, pronto bicentenarios: los partidos Liberal y Conservador. Pese a las dificultades para tener mayorías y mantener su lugar en la escena política, los respalda la capacidad histórica para continuar vigentes. Además, aunque no han definido sus estrategias electorales y enfrentan amenazas de división, paradójicamente ofrecen la continuidad y estabilidad necesarias para esta última etapa del gobierno. 

Coaliciones no partidistas 

Con respecto al panorama electoral, una muestra de la fragmentación es la larga lista de precandidatos a las presidenciales del próximo año. Este promete ser un escenario propicio para coaliciones, traiciones y hasta transfuguismo, aprobado como parte de la reforma política y electoral que cursa en el Congreso. Habrá que esperar para ver cómo se ordenan las pre y candidaturas en la proximidad de las elecciones para Congreso y en la antesala de la primera vuelta.

No obstante, las elecciones de marzo fungirán en la práctica como una preprimera vuelta que servirá para establecer un primer balance tanto en torno a continuidades y cambios en el sistema de partidos como en relación con posibles coaliciones en el próximo gobierno. Particularmente se sabrá si alrededor de la ruptura Santos-Uribe se ordenan fuerzas enemigas o distantes, lo que redefinirá una nueva izquierda, centro y derecha.

Ahora bien, desde la opinión pública y en los medios cada vez se escuchan más voces que señalan que, dada la crisis de los partidos, su carácter personalista y la vigencia de temas como el de la corrupción, es la oportunidad para que nuevos líderes, movimientos y fuerzas políticas ocupen los espacios que se abren, poniendo en práctica otro tipo de relaciones políticas ajenas al clientelismo y la politiquería.

Instancias como la Misión de Observación Electoral y Transparencia por Colombia han indicado que en 2018 primarán las coaliciones no partidistas y habrá un lugar especial para candidatos y partidos ajenos al clientelismo y los modos de hacer política hasta hoy. Frente a esto, habría que destacar que, por sus características, el sistema político y el sistema de partidos se ordenan en torno a las organizaciones mencionadas, más allá de lo personalista. Hay mucho de organización y resulta difícil sustituir de manera eficaz las prácticas clientelares. En tal sentido, es importante no generar expectativas sin suficiente sustento.

Se trata de un buen pensar con el deseo que, eventualmente y dada la incertidumbre del presente, puede resultar cierto. No obstante, por lo señalado antes y por lo que puede verse hasta el momento, lo que suceda en 2018 estará asociado con los movimientos de los líderes y facciones dentro de los actuales partidos, incluso de aquellos que han renunciado a sus divisas y pretenden acudir a la onerosa consecución de firmas; es con ellos con quienes se podrían dar posibles alianzas, impensadas hace pocos años; falta ver si se concretan y cuánto duran.

Hasta el momento no hay o no se ha visto algún antipolítico o independiente en tránsito a perfilarse como contendor creíble. Todo indica que la contienda será dentro de los linderos del sistema y con sus principales protagonistas, como sucede cada cuatro años.



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