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Política & Sociedad
El objetivo del régimen norcoreano es fingir que su armamento nuclear puede generar tanto daño a sus enemigos, que el conflicto no vale la pena. foto: archivo particular

El objetivo del régimen norcoreano es fingir que su armamento nuclear puede generar tanto daño a sus enemigos, que el conflicto no vale la pena. foto: archivo particular

Armas nucleares de Corea del Norte evitarían un nuevo Iraq

Jul. 29 de 2017

Por: Xavier Boltaina Bosch,
profesor, Facultad de Derecho - Universidad de Barcelona (España)

El programa nuclear del régimen liderado por Kim Jong-un es una especie de seguro para evitar que Corea del Sur y Estados Unidos reproduzcan unos nuevos Iraq, Yugoslavia o Libia. Por eso, hasta ahora, mantener el statu quo sigue beneficiando a todas las partes.

Los varios viajes de estudio e investigación académica realizados a la Península de Corea me sirven para plantear hasta qué punto el permanente conflicto entre norcoreanos y surcoreanos, y con Estados Unidos, es una interpretación teatral con intereses multinacionales, o si en efecto es factible un enfrentamiento militar.

Antes que nada es importante recordar que en 1945 la península coreana quedó partida en dos, tras el fin de la cruel ocupación japonesa y la división entre un norte prosoviético estalinista y un sur pronorteamericano en forma de dictadura militar con tintes fascistas.

La división se enquistó con la Guerra Fría entre la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y los Estados Unidos.

La división se plasmó en la descomunal guerra intercoreana (1950-1953), en la que los bandos fueron muy claros: el Norte apoyado por la URSS, pero especialmente por China, y el Sur, con una dictadura militar apoyada por los Estados Unidos y las Naciones Unidas.

Tres años de guerra dejaron la muerte de 50 mil militares de EE. UU., 400 mil surcoreanos y un millón de norcoreanos y chinos, además de miles de civiles fallecidos o de personas que quedaron en situación de discapacidad. Este absurdo resultado no dejó ganadores y, por el contrario, mantuvo el statu quo hasta el fin de la Guerra Fría.

Aspectos como el derrumbe de la URSS, la evolución de la China comunista hacia un régimen dictatorial en lo político pero capitalista en lo económico, el despegue económico de Corea del Sur convertida en la cuarta potencia de Asia y en una democracia, dejaron a Corea del Norte en una posición muy incómoda en los ámbitos interno e internacional.

Sin apoyos decisivos más allá de la “amistad” china, el régimen de Pyongyang no se plegó a los cambios de modelo de los países comunistas ni a las reformas chinas, y tampoco empatizó con sus tradicionales enemigos. Sus líderes Kim Il-sung (fallecido en 1994), Kim Jong-il (fallecido en 2011) y Kim Jong-un han sido los encargados de mantenerlo.

La situación descrita seguramente hace que surja la inquietud acerca de cuánto peligro existe tanto en la constante retórica militarista norcoreana, como en las amenazas del régimen hacia Corea del Sur y Estados Unidos, en especial ahora con la llegada de Donald Trump a la Presidencia con su errática y grotesca política internacional hacia la región asiática, que pareciera desconocer. 

Ni reunificación ni guerra convencional 

Una aproximación al debate implica elementos clave, como por ejemplo que Corea del Norte no tiene ninguna voluntad de desaparecer, y aunque proclama que el destino final es la reunificación, abjura de quedar absorbida y disuelta sin más.

Dicha república socialista no es Alemania Oriental, pero Corea del Sur tampoco es Alemania Occidental. Los surcoreanos gozan de óptimo nivel económico y la reunificación supondría para ellos un auténtico drama, en términos de pérdida de calidad de vida. Frente al “mantra” oficial de la reunificación, ninguno de los dos países está por esa labor.

Así mismo, a China no le apetece en absoluto una Corea reunificada y pronorteamericana; ello tampoco ilusiona a Rusia ni a Estados Unidos, que perdería cualquier justificación para mantener tropas en la zona. Por eso,
26 años después de la Guerra Fría, el statu quo sigue beneficiando a todas las partes.

Otro aspecto a tener en cuenta es que Corea del Norte ha aprendido de los “errores” de países como Yugoslavia, Iraq y Libia, y señala que sus regímenes fueron derrumbados por no contar con la capacidad militar de respuesta interna y externa.

En ese sentido, a pesar de poseer 1,1 millones de soldados activos, los norcoreanos no tienen capacidad real de lucha en una guerra convencional contra el Sur, que cuenta con 700 mil soldados preparados y dotados con armamento moderno; además están las tropas estadounidenses estacionadas en la península.

Una guerra convencional supondría el fin del régimen del Norte, pero las consecuencias podrían ser devastadoras para la economía del Sur. Se calcula que un primer ataque surcoreano de este tipo implicaría la muerte de 70 mil habitantes de Seúl, ubicada a solo a 50 km de la frontera.

El área metropolitana de la capital surcoreana alberga a más de 25 millones de personas, y un enfrentamiento supondría un caos que nadie desea puesto que sería como repetir un conflicto similar al de Iraq, que en la actualidad resulta impensable.

Debido a lo anterior, un tercer aspecto a tener en cuenta es el arma nuclear. Para el Norte, el desarrollo de su capacidad militar es un seguro de supervivencia. Pyongyang sabe que no podría hacer frente a una intervención militar del Sur, o a una probable intervención estadounidense en zonas específicas del Norte, similar a la sucedida con Libia en 1986. 

Armas disuasorias 

Cualquier amenaza estadounidense o surcoreana puede quedar bloqueada a través del Programa Nuclear de Corea del Norte, sin importar si son muchas o pocas, o si son o no de calidad.

Pyongyang sabe que ningún país con armas nucleares ha sido atacado; se trata de elementos disuasivos tan demoledores y siniestros que el riesgo de su uso desincentiva cualquier idea militar de atacar al país que las posea.

En ese sentido surgen las preguntas: ¿Estados Unidos está dispuesto a atacar al Norte cuando este puede contraatacar con armas nucleares? ¿realmente Pyongyang usaría el arma nuclear para defenderse? ¿China, Rusia o Japón se implicarían en la defensa de alguna de las coreas, haciendo frente al colapso humanitario que una confrontación de esta dimensión implica?

Así, el arma nuclear norcoreana, más que un elemento peligroso, es una “llave” de seguridad para que Estados Unidos y Corea del Sur limiten sus tentaciones de reproducir unos nuevos Iraq, Yugoslavia o Libia en la península. Recuerden también que Sadam Husein, Slobodan Milosevic y Muamar el Gadafi fueron ejecutados –o juzgados– pero ningún dirigente norcoreano está dispuesto a pasar por el mismo trance, de ahí que los incentivos para desnuclearizarse son rayanos al cero, y EE. UU. y Corea del Sur lo saben de sobra.



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