UN Periódico - Universidad Nacional de Colombia
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Sesquicentenario
La Facultad de Ciencias ha liderado la formación de la comunidad científica del país. foto: archivo Unimedios

La Facultad de Ciencias ha liderado la formación de la comunidad científica del país. foto: archivo Unimedios

La cultura de la ciencia en la UN

Sep. 16 de 2017

Por: Carlos Augusto Hernández,
profesor asociado, Facultad de Ciencias Universidad Nacional de Colombia

La creación, a mediados del siglo xx, de la Facultad de Ciencias fue un acontecimiento decisivo en la apuesta de la Universidad Nacional de Colombia (UN) por formar la comunidad científica que asiste desde entonces al encuentro definitivo con la voluntad de saber. Esto le ha permitido para liderar durante varios años la investigación que se realiza en el país.

Una conciencia común de que nos hemos asociado para aprender atraviesa la UN, tan diversa étnica y culturalmente como la misma nación colombiana. Nos hemos dado cita para enseñarnos mutuamente, para intercambiar saberes antiguos y nuevos, y para producir conocimiento.

El deseo de saber forma parte de la naturaleza misma del ser humano. No en balde Aristóteles inicia su Metafísica con una frase impactante: “Todo ser humano, por naturaleza, desea saber”. Por el deseo de saber se ven noticieros, se recorren los mundos imaginarios de las novelas y se permanece conectado a las imágenes en movimiento de una película hasta cuando las luces vuelven a encenderse. Pero disciplinas como las ciencias, la literatura y la filosofía responden de manera especial a ese deseo. Existen porque hay preguntas que aparecen insistentemente, que exigen respuesta, que se consideran legítimas y acuciantes; preguntas cuyas respuestas pueden transformar la vida de las personas y de las sociedades.

Las preguntas alrededor de las cuales se reúnen las comunidades académicas de la Universidad tienen una característica especial, y es que se mantienen abiertas. Las respuestas que se ofrecen a esas preguntas son más valiosas cuando generan nuevas preguntas. En todos los campos del saber y de la formación universitaria existen preguntas que abren caminos a la reflexión y a la acción. Es lo que ocurre de manera especialmente visible en el campo de las ciencias, pero es propio de toda la Universidad.

Investigación y construcción de Nación

El trabajo de quienes se dedican a las matemáticas y a las ciencias de la naturaleza no es tan distinto del trabajo de los filósofos, los ingenieros o los antropólogos; por ello cuando se habla de la pasión por las preguntas de los profesores y estudiantes de ciencias se está hablando en realidad de un aspecto esencial de la cultura propia de la Universidad.

Quien se dedica a la ciencia busca respuestas porque previamente se ha enamorado de las preguntas, ama esa forma de la belleza que es la resolución de un enigma, y quien ama los misterios también ama el camino que lleva a develarlos, por difícil y penoso que este sea.

Con mucha frecuencia las preguntas más valiosas de las ciencias son preguntas difíciles; para resolverlas se requiere, como decía el humanista Coluccio Salutati, la ayuda de las musas que inspiran la ambición de dejar una huella propia en la obra admirable de la humanidad y que enseñan la constancia y el placer del propio esfuerzo. Quien se forma como científico aprende a amar la belleza de la obra de la ciencia y también ama lo que George Steiner llamaba “esa arista áspera de la belleza que se llama dificultad”.

Pero a pesar de su alta exigencia, la disciplina de la ciencia no es un camino de sacrificio: como en cualquier juego, el dominio de las reglas y de las estrategias hace cada vez más placentero el trabajo implicado en la solución de un problema. La comprensión de los fenómenos es, empleando una expresión de Galileo, “una experiencia exquisita”. Así, la disciplina inicialmente penosa se transforma en pasión, en vocación, en goce del trabajo que conduce a la propia realización. La ciencia es un trabajo de construcción de conocimientos, un trabajo de investigadores. Enseñar una ciencia es abrir las puertas de un horizonte para la investigación.

Parafraseando al exrector Guillermo Páramo, se puede decir que la historia de la UN también es la historia de una voluntad de saber comprometida con la construcción de una Nación. Desde su fundación, hace 150 años, la Institución adquirió un enorme compromiso con la producción de conocimiento ligada a su misión.

La Universidad heredó los proyectos de la Expedición Botánica y de la Expedición Corográfica en la que participó su primer rector, Manuel Ancízar. Es verdad que la urgencia de formar los profesionales que necesitaba el país hizo menos visible la necesidad de un campo propio para la ciencia, pero unos cuantos profesores aislados mantuvieron viva la llama de la investigación.

La ciencia había avanzado lentamente, a la sombra de las profesiones, cuando el presidente Alfonso López Pumarejo, en su mensaje al Congreso de la República de 1935, propuso reunir la UN dispersa “en un solo foco, creando departamentos científicos que sirvan a todas las facultades”.

En 1946, durante la rectoría de Gerardo Molina, se creó la Facultad de Ciencias orientada a “estimular el estudio de las ciencias básicas y la filosofía” y a preparar a los estudiantes para la “alta investigación”. Después de diez años desapareció esta Facultad, pero ello no significó la renuncia a la voluntad de hacer ciencia con la que se habían comprometido algunos profesores nacionales y otros provenientes de otros países, como Antonio García Banús y Carlo Federici. Estos profesores, que encendieron en sus estudiantes la pasión por el saber, insistían desde aquellos tiempos en la necesidad de formar a las comunidades científicas nacionales con un campo propio de trabajo y no solo como apéndices de las profesiones.

En 1964, con la reforma del rector José Félix Patiño se creó nuevamente la Facultad de Ciencias, cuyos departamentos, distinguidos como campos específicos de las ciencias, quedaron definidos en 1965. Se abrió así el espacio para formar a las comunidades científicas nacionales. Un nuevo modelo de universidad, el de la universidad de la ciencia de Wilhelm von Humboldt, surgió en el interior de la Institución napoleónica centrada en las profesiones.

El gran salto de la producción académica debía esperar más tiempo: se ha producido en los últimos 30 años. Durante estos tres decenios se han multiplicado los posgrados, han aparecido y se han consolidado los doctorados, y todos los docentes de la Facultad han comprendido la importancia de la investigación. Se ha dado así el encuentro definitivo de la Universidad con la voluntad de saber.

A lo largo de la historia de la Universidad son muchos los que han conocido la pasión que distingue a los profesores investigadores. Ellos han sido los artífices de lo que hoy es la ciencia en la Universidad Nacional de Colombia, cuya característica esencial es la investigación.

Ninguna universidad del país realiza tanta investigación como la Nacional. En esta institución los investigadores conocen el placer de enseñar, y tanto los profesores como los estudiantes conocen las emociones de la investigación, lo cual transforma cualitativamente los procesos de formación y constituye una nota específica de la UN.

Es posible contemplar el panorama de una ciencia estudiando las teorías; es posible, por decirlo así, conocer “desde lo alto” el territorio de una ciencia si se aprenden los fundamentos de su lenguaje y el significado de los conceptos dentro de las teorías y si se ha hecho el ejercicio de resolver algunos problemas paradigmáticos de esa ciencia. Pero solo se entra realmente en ese territorio, solo se forma el espíritu científico y se encarna la ciencia, cuando se investiga, cuando se participa en el diálogo de los investigadores, cuando se vive y se comparte la pasión por la pregunta, cuando el deseo natural de saber se convierte en voluntad de saber, como ocurre en la Universidad Nacional de Colombia.



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