UN Periódico - Universidad Nacional de Colombia
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Sesquicentenario
Desde su fundación la UN se ha constituido en un proyecto de renovación y modernización educativa para el país. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

Desde su fundación la UN se ha constituido en un proyecto de renovación y modernización educativa para el país. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

La voluntad de construir una institución de excelencia

Sep. 16 de 2017

Por: Gustavo Silva Carrero,
filósofo - Universidad Nacional de Colombia

La Universidad Nacional de Colombia (UN) ha experimentado reformas suscitadas gracias a una amplia gama de motivaciones que han coincidido en un lineamiento general: buscar que la Universidad responda de manera adecuada a las necesidades de la sociedad colombiana, en especial a las de sus estudiantes, provenientes de todas las regiones del país.

La fundación de la UN se constituyó en un esfuerzo reformador de gran alcance para la educación del país. Después del vacío en el que había caído la Nación en la década de 1850 con la decisión extrema de los liberales en el Gobierno de eliminar los títulos para ejercer profesiones, la creación de la Universidad en 1867 se convirtió en un esfuerzo por poner las cosas en orden y, de paso, fortalecer la incipiente educación superior existente. Tristemente las guerras civiles de finales del siglo XIX y la línea conservadora –inaugurada con los gobiernos de la Regeneración– interrumpieron por cerca de cinco décadas el desarrollo de este proyecto educativo.

A partir de 1935 la Universidad sale del letargo en el que se había postrado y se convierte en estandarte de una reforma educativa más amplia que intentará modernizar el país apoyando la formación superior, el desarrollo de la industria y la urbanización. Durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo el presupuesto para la educación creció cuatro veces al pasar de 2,6 % a 8,2 %. Así, la UN se vio beneficiada, pues el Gobierno adquirió los terrenos e inició la construcción del campus que hoy ocupa la Ciudad Universitaria de Bogotá. Además, según la Ley 68 de 1935, la Institución tuvo una nueva estructura académica y administrativa. Después de varias décadas volvía a tener un rector en propiedad –Gabriel Durana Camacho (1936-1937)– y se reorganizaban las facultades dispersas por la capital del país.

Durante las décadas posteriores que interrumpieron por algunos años la modernización educativa, una nueva noche de violencia partidista cubrió al país. A pesar de ello, a finales de los años cincuenta el proyecto se retomó con el rector Mario Laserna Pinzón (1958-1960), quien intentó romper la incomunicación entre facultades y sentar las bases para iniciar prácticas investigativas. Lamentablemente el éxito de su iniciativa fue muy limitado y la reforma que se esperaba solo pudo concretarse cuatro años después, con el liderazgo del médico José Félix Patiño Restrepo (1964-1966).

Reforma estructural

La Reforma Patiño, como se le conoce desde entonces, ha sido tal vez la construcción institucional más integral y de mayor alcance que ha experimentado la UN en estos 150 años.

Dicha iniciativa buscó convertir a la Institución en un instrumento efectivo para el desarrollo del país. Así, sus lineamientos consolidaban la formación con calidad mediante la integración en varios niveles. En el ámbito académico tuvo como núcleo principal los estudios generales para la formación de ciudadanos libres, críticos y altamente competentes; también consideró la integración administrativa para ejecutar los recursos de manera racional y con altos niveles de planeación, y además pretendió construir un ambiente más armonioso entre estudiantes y docentes que permitiera una integración indispensable frente a los intereses de la sociedad.

Otra apuesta consistió en agrupar grandes facultades que soportaran los estudios generales y que lograran romper con la dinámica de una universidad profesionalista centrada en expedir títulos sin tener en cuenta la formación pertinente y de calidad. Sin embargo, a los pocos años de la salida de profesor Patiño de la Rectoría las contrarreformas eliminaron los estudios generales.

La idea de universidad

El interés por la formación integral de los estudiantes de la Universidad y por una revalorización de la cultura académica soportada en la razón, la argumentación y las prácticas investigativas tuvo un nuevo espacio de reforma entre finales de los años ochenta y principios de los noventa.

En el rectorado de Ricardo Mosquera Mesa (1988-1990) se inició la discusión –suscitada principalmente por su joven vicerrector académico Antanas Mockus– acerca de las prácticas pedagógicas en la formación universitaria.

En ese momento se creía que la Institución se había quedado con una educación libresca en la que si no se tenían en cuenta los intereses de los estudiantes, mucho menos las necesidades de la sociedad. Además el profesor Mockus –primero como vicerrector y después como rector (1991-1993)– buscó fortalecer las prácticas investigativas, enriqueciendo por esta vía la docencia y generando condiciones para las pedagogías intensivas que reconocían relaciones más autónomas y activas entre los estudiantes y el conocimiento.

Entre 1994 y 1997 el rector Guillermo Páramo continuó la reforma infundiéndole nuevas perspectivas. El académico consideraba que la especificidad de la Institución como universidad de la Nación implicaba una formación integral para sus estudiantes que comprendiera tanto el contexto como las problemáticas sociales, los cuales deberían abordarse desde una perspectiva interdisciplinaria en la investigación y con un compromiso institucional para hacer presencia en el territorio nacional.

A pesar de que la reforma Mockus-Páramo se gestionó en varias administraciones, su éxito se enfrentó –como las anteriores– a la fuerza de las calladas contrarreformas que mediante pequeños cambios acumulados en el tiempo buscaban retornar al estado inicial.

Mejoras para los estudiantes

En 2006 las dificultades seguían siendo las mismas identificadas por el profesor Mockus y el diagnóstico era cada vez más dramático: altas tasas de deserción, desconexión entre los niveles de pregrado y posgrado, y un paulatino aislamiento de la Universidad frente a las lógicas académicas del mundo.

Lo anterior provocó que el equipo del rector Moisés Wasserman (2006-2009 y 2009-2012) iniciara nuevamente las discusiones para consolidar una reforma académica en la UN. Esta se presentó como el despliegue académico de una apuesta de mayor aliento que se podría rastrear desde la época del profesor Patiño Restrepo.

Dicho despliegue le entregó al estudiante herramientas adecuadas para administrar y diseñar su tránsito por la Universidad: mayor autonomía y programas calculados en créditos académicos, estructurados con la premisa de la flexibilidad y la articulación con los niveles de posgrado.

De igual manera se modificó el obsoleto Estatuto Estudiantil que por más de 30 años había experimentado retoques que lo llevaron a la desfiguración. El nuevo Estatuto, que estimulaba los buenos resultados académicos, le entregó a los estudiantes posibilidades para doble titulación y la continuación de su carrera como un paso natural en los posgrados. Todo esto le otorgó a la Institución una nueva estructura curricular, más moderna y coordinada con la mayoría de las instituciones de educación del país y del exterior.

Las reformas en la Institución se han visto como pasos necesarios para corresponder a una sociedad en permanente cambio. Sin embargo dichas iniciativas parecen ser más bien esfuerzos excepcionales, hitos, para tratar de consolidar la tantas veces postergada reforma estructural e integral de la Universidad Nacional de Colombia.



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