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Política & Sociedad
En un sondeo realizado a los asistentes a una exposición de animales y de productos para mascotas, la respuesta más frecuente fue la dupla familia – compañero. foto: archivo particular

En un sondeo realizado a los asistentes a una exposición de animales y de productos para mascotas, la respuesta más frecuente fue la dupla familia – compañero. foto: archivo particular

Mascotas “humanizadas”

Aug. 19 de 2017

Por: Ana María Linares Caro, Unimedios Bogotá

El debate sobre los ataques de perros a humanos y el maltrato animal son ejemplos del carácter político que han adquirido las mascotas en la sociedad colombiana. Por eso es importante que la salud pública amplíe su comprensión del riesgo que implican estas relaciones y lo posicione como un fenómeno social con múltiples dimensiones.

La domesticación de los perros y los gatos data de aproximadamente 9.000 años, cuando las civilizaciones más antiguas empezaron a establecer un pacto de cooperación con estas especies, en el que se intercambiaba alimento por seguridad, caza y compañía.

La “tenencia de animales de compañía”, como se conoce en la actualidad, surgió a mediados del siglo XIX en Occidente, específicamente en Inglaterra, donde era símbolo de distinción y de estatus entre la aristocracia victoriana, y además se relacionaba con el placer y la compañía, unida a una serie de prácticas de cuidado.

En Bogotá, y en general en Colombia, la “mascota” está ligada al proceso de urbanización. Además de sus funciones útiles como guardianes o cazadores, poco a poco su presencia se transformó en un vínculo afectivo más estrecho. Así, han venido ocupando un lugar más importante en los hogares, al punto de ser consideradas como integrantes de la familia.

La nueva construcción social sobre los animales de compañía tiene una gran repercusión en aspectos que van desde lo cotidiano hasta lo político y económico, aspectos que fueron abordados en el trabajo doctoral en Salud Pública de la profesora Myriam Acero Aguilar, de la Universidad Nacional de Colombia (UN), a partir de la etnografía multisituada, que estudia cómo se construyen las prácticas, subjetividades y relaciones en múltiples espacios.

Según la docente, “el método permite descubrir rutas de conexión entre varios lugares (de lo local a lo global) y describir en un contexto político y económico más amplio qué rodea al sujeto de estudio”. En ese sentido, se analizaron actores como la comunidad, la academia, la industria, el Estado y los movimientos sociales, tanto en ferias de exposición de animales como en consultorios veterinarios, pet shop, peluquerías, entornos familiares, comités realizados por movimientos de protección animal, medios de comunicación y el Centro de Zoonosis de Bogotá.

Como de la familia

La profesora Acero identificó que el lazo que se crea a partir de la interacción con perros y gatos puede ser influenciado por la soledad, la necesidad de dar y recibir afecto, y la pérdida de confianza en el valor de lo colectivo de las sociedades urbanas contemporáneas, unidas a la fuerte tendencia del mercado hacia la humanización de los animales.

En un sondeo realizado a los asistentes a una exposición de animales y de productos para mascotas sobre el significado que tienen para ellos los animales de compañía (perro o gato), la respuesta más frecuente fue la dupla familia-compañero, seguida de cómplice-amigo y las subsiguientes respuestas de hijo, bebé y hermano, datos que muestran el cambio en las construcciones sociales de la relación con estas especies.

La investigadora resalta que existen relaciones equilibradas con los animales que pueden ser muy benéficas: “está bien que se les hable, porque esa es la forma que usamos para expresar sentimientos y establecer un vínculo afectivo, pero lo que no está bien es vestirlos o darles alimentos no adecuados a su dieta. La humanización también puede llevar a que los animales tengan problemas de conducta por apego exagerado a los humanos, y a sufrimiento de las personas”.

Las relaciones bidireccionales también han sido promovidas por la economía de consumo, que ve a las mascotas como mercancía o sector de inversión. En la actualidad el mercado en Colombia factura 632.000 millones de pesos anuales, siendo el rubro más representativo el alimento para perros y gatos, con cerca del 89 %, lo que lo convierte en un producto más de la canasta familiar.

Además de la alimentación, el mantenimiento de una mascota oscila entre los 280.000 y 550.000 pesos mensuales según el tamaño del animal. Este cálculo incluye vacunación; desparasitación; peluquería e higiene; accesorios; microchip; guardería y gastos extras.

Según la investigadora, el abandono de perros y gatos, junto con la sobrepoblación, la zoonosis, el manejo de excrementos y el maltrato animal, son intervenidos por las entidades de salud pública con la implementación de estrategias como vigilancia, control, educación y aplicación de medidas sancionatorias. Sin embargo estas no son suficientes si no se establecen otras medidas frente al crecimiento de la población animal, que vayan más allá del control de la natalidad.

En palabras de la docente, “se necesita una política pública de adopción animal más decidida, y a la vez ponerle freno a la industria para mascotas y su promoción permanente de adquisición de nuevos animales como sinónimo de ‘familia completa’. Una mascota es una gran responsabilidad que no puede guiarse por el impulso o la moda”.

De lo privado a lo público

La sensibilización que han adquirido los individuos de la sociedad occidental contemporánea se observa en la creación de movimientos animalistas, algunos de los cuales promueven el interés por el cuidado y bienestar de estos animales; otros, los abolicionistas, tienen un objetivo más específico: crear una nueva política pública que reconozca los derechos de estos animales, incluyendo bovinos y equinos.

Los avances de estos movimientos se evidencian en la transición de la eutanasia como control de población, a la adopción y esterilización de los animales de compañía. Otro ejemplo claro son los espacios que han ido ganando estos colectivos para ejercer una defensa más activa contra la crueldad y tortura a las que son sometidos los ejemplares taurinos en las corridas de toros.

Según la profesora Astrid Ulloa, antropóloga de la un y directora de la tesis de doctorado de la investigadora Acero, el trabajo desarrollado por ella es un aporte para diversas disciplinas como la antropología, la geografía y la salud pública, por su propuesta analítica que implica una mirada histórica de las relaciones de los humanos con las mascotas, además de una dimensión cultural, económica y política.

La docente también destaca que es un trabajo innovador metodológica y conceptualmente, ya que analiza la importancia que han cobrado las especies de compañía en contextos urbanos, y además demuestra que las relaciones culturales y emocionales que se establecen con perros y gatos requieren de un estudio más a fondo para abordar los retos que imponen estos animales en la formulación no solo de políticas públicas, sino también en la concepción de relaciones multiespecies.

Precisamente una de las reflexiones de la investigación es que la relación humano-animal debe ser entendida como un fenómeno histórico, social, público y político que requiere servirse de otras indagaciones epistemológicas, para de este modo reinterpretar la actual idea de la sociedad, proceso en el que los humanos y no humanos aparezcan en el centro de todos los relatos, y para que lo privado se haga público.



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