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Salud
El método madre canguro sigue siendo la clave para disminuir la tasa de mortalidad en niños prematuros o con bajo peso al nacer. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

El método madre canguro sigue siendo la clave para disminuir la tasa de mortalidad en niños prematuros o con bajo peso al nacer. foto: Nicolás Bojacá/Unimedios

Método Madre Canguro, aporte de la UN a la salud mundial

Jun. 24 de 2017

Por: Ana María Linares Caro, Unimedios Bogotá

Como una prueba de su éxito, la técnica ha sido reconocida por Unicef y Save the Children. La Organización Mundial de la Salud le otorgó en 1991 el Premio Sasakawa para la Salud, y en abril pasado fue destacada en el XV Congreso Mundial de Salud Pública, realizado en Australia, como la contribución más importante de Colombia a la salud pública en los últimos 50 años.

Nancy Acevedo y Jaime Espinosa llamaron a su hijo David, porque con tan solo seis meses y 14 días de gestación, 750 gr de peso y 33 cm de estatura, luchaba por algo muy grande: la vida.

Para asegurar la supervivencia del pequeño, en abril de 1997 sus padres fueron vinculados al Programa Madre Canguro del Hospital Materno Infantil en Bogotá. “Tener un bebé prematuro (antes de que se cumplan las 37 semanas de gestación) es muy duro, pero el conocimiento y compromiso del personal médico, sobre todo de las enfermeras, hizo que la experiencia fuera enriquecedora no solo para David sino también para nosotros”, afirma la madre de este estudiante de ingeniería mecatrónica que ya tiene 20 años.

Como David, en el mundo nacen cada año alrededor de 15 millones de niños con bajo peso, el 90 % en países menos desarrollados, aunque en los últimos años la tasa de prematurez se ha incrementado en los países ricos.

Diversos estudios evidencian que los niños prematuros presentan fallas en el desarrollo cognitivo, social, neurocomportamental y de vinculación afectiva padre-hijo, además de problemas de integración escolares y sociales, por lo que el cuidado que se administra es vital.

En ese sentido, el Método Madre Canguro, ideado a finales de los años setenta del siglo pasado por el pediatra de la un Édgar Rey Sanabria, se ha convertido en un aliado para la supervivencia de los niños prematuros en todo el mundo. El doctor Rey trabajaba entonces en el Instituto Materno Infantil, dependencia del Hospital San Juan de Dios que fue por años centro de práctica médica de la Universidad Nacional de Colombia (UN).

Como una prueba de su éxito, la técnica ha sido reconocida por Unicef y organzaciones como Save the Children. Así mismo la Organización Mundial de la Salud le otorgó en 1991 el Premio Sasakawa para la Salud, y en abril pasado fue destacada en el XV Congreso Mundial de Salud Pública, realizado en Melbourne (Australia), como la contribución más importante a la salud pública del mundo en los últimos 50 años. 

Inspirado en los canguros hembras 

Édgar Rey López de Mesa, odontólogo de la UN y coordinador general del Hospital Universitario la Samaritana – Unidad Funcional de Zipaquirá , relata que cada vez que a su padre le preguntaban por dicha técnica respondía: “yo no creé nada, no inventé nada, solamente humanicé el trato a los prematuros”.

En 1978 el doctor Rey Sanabria, docente de la Facultad de Medicina de la un, fue nombrado jefe del Departamento de Pediatría del Instituto Materno Infantil. En ese momento se registraban cerca de 30.000 partos al año, de los cuales el 15 % eran bebés prematuros o con bajo peso al nacer.

Ante el hacinamiento y la alta mortalidad en neonatos, el pediatra buscó una solución inspirándose en lo que sucede con los canguros hembras, los cuales portan a sus crías en su bolsa marsupial, que actúa como incubadora natural.

De esta manera, el profesor Ariel Iván Ruiz, decano de la Facultad de Medicina de la UN, señala que los tres pilares propuestos por el doctor Rey fueron: amor, calor humano –a través de contacto permanente piel con piel, transmitido por la madre, el padre o cualquier familiar– y leche materna, que siguen vigentes en cualquier parte del mundo, independientemente de los avances tecnológicos.

“El secreto del programa es la sencillez”, afirma el odontólogo Rey. Pese a ello, por su orientación asistencial y su simplicidad no fue fácil que Colombia y otros países acogieran el método sin prevenciones, pues no existían estudios que confirmaran su efectividad ni tenía fundamentación científica.
“A mi papá le decían, doctor Rey, usted está loco, si en países avanzados no han hecho esto, no lo han contemplado, mucho menos nosotros que somos un país tercermundista”.

Por fortuna el médico zipaquereño, continuó con su propósito e instauró el primer Programa en el Instituto Materno Infantil, una apuesta en la que lo acompañaron otros colegas y estudiantes, quienes ayudaron a mejorar el método con iniciativas como el egreso precoz hospitalario, que permite continuar el “tratamiento” en el hogar y así evitar que los pequeños adquieran infecciones o enfermedades. Las noticias sobre la efectividad del Programa pronto llegaron a diferentes latitudes.

Según el decano Ruiz, después de casi cuatro décadas el Método Madre Canguro sigue formando parte del currículo del pregrado en Medicina, del posgrado en Pediatría y de la subespecialidad en Neonatología y Perinatología dictadas por el Departamento de Pediatría de la UN. Esta metodología ya está instaurada en los hospitales con los que la Universidad tiene convenio de docencia-servicio, y se espera implementarlo en la fase 2 del Hospital Universitario Nacional. 

De Colombia para el mundo 

En 1987, la pediatra francesa Nathalie Charpak, hija del Nobel de Física 1992 Georges Charpak, quien había llegado a Colombia detrás de un amor, conoció el método del doctor Rey y tuvo otro flechazo que la llevó a dedicarse a recoger la evidencia científica que probara su efectividad.

Según el odontólogo Rey López de Mesa, la doctora se convirtió en la embajadora mundial del Programa Madre Canguro, por considerar increíble que otros colegas dudaran de que algo tan bonito y sencillo tuviera tanto impacto en la frágil salud de los bebés prematuros.

Por eso, en 1994 creó la Fundación Madre Canguro e inició los estudios que le dan una base científica al Programa. De esta manera, evidenció que a corto plazo los niños prematuros mantienen la regulación térmica, la estabilidad en la respiración y la frecuencia cardiaca. Asimismo conservan el sueño profundo, tienen madurez cerebral y aumentan de peso.

A largo plazo, en casos de niños “canguro” que ya tienen alrededor de 20 años, se observa que tienden a disminuir la hiperactividad y a reducir la conducta antisocial. Por otro lado, el Programa aumenta la integración familiar y promueve la participación de los padres en la crianza de su hijo.

“Al tener la sensación de poder aportar a la recuperación de su bebé, ellos no lo dudan y se involucran más. Está demostrado que cargan más a su hijo, juegan más con él y están más presentes en todas las etapas de su vida”, afirma la doctora Charpak.

El efecto del método en las madres canguro se relaciona con su empoderamiento sobre su propia maternidad; las vuelve más activas y competentes, pasan de preocuparse a ocuparse, algo que también disminuye la probabilidad de sufrir depresión posparto.

Después de casi 40 años el Programa todavía se enfrenta a cierta resistencia en algunos países, ya que ponerlo en marcha implica cambiar protocolos en el ámbito de la salud, por lo que muchos profesionales del campo se rehúsan; otra razón es la sensación de pérdida de poder que perciben algunos médicos, porque los papás se convierten en los protagonistas del cuidado de sus hijos.

De la misma manera existen países en los que se considera que implementar el método indica que no tienen la suficiente cobertura de incubadoras, que son “pobres”. En otros, la misma cultura impide que este se use de manera correcta, como por ejemplo en Egipto, donde las mujeres piensan que solo ellas pueden cargar a su hijo, dejando a un lado el papel del padre.

Pese a ello, y mientras se continúa recopilando evidencia científica sobre el método, siguen siendo miles los niños –78 mil solo en Bogotá hasta 2014– que en diferentes latitudes sobreviven gracias a la técnica creada por el fallecido médico colombiano, Édgar Rey Sanabria, quien hizo de la neonatología una práctica más humana.



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