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Cultura

Fotos Andrés Felipe Castaño/Unimedios

De derecha a izquierda, Profesor Juan Álvaro Echeverri (investigador UN), Anastasia Candre (indígena Okaina-Uitoto), Carlos Gilberto Zárate Botía (director sede Amazonia).

Minga de saberes se toma el trapecio amazónico

Dec. 14 de 2008

Por: Andrés Cuervo Troncoso, Unimedios

Entre el 12 y el 15 de noviembre se llevó a cabo en Leticia el Primer Encuentro Amazónico de Experiencias en Diálogos de Saberes, donde el eje central fue el reconocimiento entre el saber científico y el saber tradicional, dentro de la necesidad de convalidar ambos tipos de conocimiento, partiendo de los actores que se encuentren inmersos en el proceso.

“Para mí, como indígena, el diálogo de saberes es un intercambio de ideas, de memorias, de saberes de otras culturas, pues uno no aprende de uno mismo”. Anastasia Candre (Okaina–Uitoto–Trapecio amazónico).

Académicamente hablando, el diálogo de saberes se puede interpretar como la aceptación del conocimiento tradicional de los abuelos y de las comunidades indígenas, en donde se establece un consenso sobre las diferentes maneras de ver el mundo, aparte de aquellas que se desarrollan al interior de los claustros universitarios; así mismo, se genera una aceptación del conocimiento surgido a partir de la adaptación que han realizado diferentes comunidades dentro del contexto de biodiversidad que enmarca al Amazonas.

Estando eso claro, se podría definir el diálogo de saberes como una producción de conocimientos participativos en donde hay diversos sujetos (investigadores e indígenas); de igual manera, el diálogo de saberes se puede catalogar como una experiencia que debe trascender el espacio físico para no morir en las mesas de conversación. En este caso específico del Amazonas, hubo participación de la academia, las autoridades y el Gobierno local, de las fuerzas militares y, por supuesto, de la comunidad indígena de la zona.

Uno de los ejes de este encuentro consistió en darle relevancia, en la práctica, a la necesidad de conjugar los diferentes tipos de saberes, en favor real de la sociedad local y regional, por lo cual se tienen en cuenta la pluralidad de pensamientos y racionalidades, en medio de un proceso que exige continuidad, pues éste es como un bebe que apenas está en crecimiento.

Los temas tratados en estos conversatorios tocaron lo social, lo económico, la seguridad alimentaria, lo cultural, el conocimiento tradicional (ciencia y medicina) y los aspectos éticos de la investigación pluricultural, aparte de intercambios de experiencias. De esta manera, se trató de establecer una “Minga” de pensamiento, que es un pensamiento colectivo producido de manera dialéctica a partir de la contradicción constructiva.

Construcción colectiva

Las jornadas contaron con la participación de las comunidades Okaina-Uitoto, Tikuna, Matapí (medio Caquetá), Nonuya (medio Caquetá) y Kokonuco (Cauca), además de representantes de los institutos Imani, IIAP (Perú) y las Universidades del Cauca, los Andes y Nacional de Colombia. Aquí se podría aplicar una ecuación sencilla, que además reflejaría la intencionalidad en los diferentes conversatorios: temas diversos + actores diversos = caminos diversos.

Se establece, entonces, un primer punto en el que tanto académicos como indígenas están de acuerdo en que se requiere un nuevo tipo de percepción al interior de las universidades; una más humilde, pues queda desvirtuado el hecho de pensar que el conocimiento está única y exclusivamente al interior de estos claustros.

Según el profesor Juan Álvaro Echeverri, investigador y coordinador del evento, uno de los puntos más importantes a trabajar es la conceptualización de los métodos respecto a lo que es el diálogo de saberes. “Yo pienso que un beneficio directo de este encuentro es crear orientaciones para un mejor quehacer de la investigación social; digamos, crear estándares de responsabilidad social, de reconocimiento mutuo de la investigación (sin obviar las cuestiones técnicas)”.

“Al ser distintos tenemos mucho que aprender. Los que vienen de afuera se llevan cosas de acá, y asimismo los indígenas se apropian de comportamientos externos que trae el hombre blanco. Esto último es consecuente con una posición indígena muy actual en la que ellos se han dado cuenta de que son parte de un todo, de un mundo, y que éste se les vino encima. Así que la mejor manera de enfrentar la situación es aprendiendo a interactuar (ellos, a su manera, no son ajenos al efecto globalización)”, declaró Echeverri a UN Periódico.

Este encuentro, que nace de una necesidad, hace de paso un sentido reconocimiento a Orlando Fals Borda y a Guillermo Páramo, quienes abrieron diversos caminos para la investigación social a través de sus planteamientos sobre la necesidad de formación de comunidades investigativas en las regiones fronterizas, como parte de una política de fronteras de la Universidad Nacional de Colombia. De esta manera, abrieron caminos para encontrar similitudes entre el proceso científico y el mito indígena, prototipos de trabajo de las actuales mesas de conversación en donde se esclarece que no se pueden crear fórmulas de conocimiento, pues existen profundas diferencias de crianza.

Aparte de los temas netamente culturales, se abordaron problemáticas que afectan directamente a las comunidades indígenas, no solo de la zona, sino del país. Uno de ellos fue la crítica al uso o aprovechamiento de las empresas y entidades trasnacionales de los diferentes recursos de la zona (farmacéuticas, por ejemplo), dejando de lado las labores netamente sociológicas y antropológicas y destruyendo así los avances de la interacción participativa. A esto se le sumó el desentendimiento de las diferentes autoridades ambientales respecto a un verdadero conocimiento de las personas y los recursos que ellas mismas protegen, pues hubo consenso de que en la mayoría de las ocasiones dichas instituciones no tienen contacto real con las comunidades ni las zonas que resguardan.

Un punto caliente salió a flote cuando las conversaciones se enfocaron sobre las trabas administrativas de las autoridades locales, pues debido a una serie de falencias en las definiciones mismas de las normas, los directamente afectados son los estudiantes, investigadores y procesos investigativos que buscan dar cuenta de las actividades académicas en la región.

Finalmente, la jornada de diálogos de saberes tuvo su clausura en el marco de un baile ritual de frutas de los indígenas Uitoto. La música sonó toda la noche y esta comunidad, que abrió sus puertas y compartió parte de su mundo con el hombre blanco, terminó danzando de la mano con sus “hermanos menores”, como ellos nos denominan.



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