UN Periódico - Universidad Nacional de Colombia
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Sesquicentenario
Innovaciones como la del domo portátil de la UN intentan responder a los retos que marca el futuro de las instituciones de educación superior, y al que la un no es ajena. foto: Ovidio González/Unimedios

Innovaciones como la del domo portátil de la UN intentan responder a los retos que marca el futuro de las instituciones de educación superior, y al que la un no es ajena. foto: Ovidio González/Unimedios

Universidad de la Nación y para la Nación colombiana

Sep. 16 de 2017

Por: Jorge Iván Bula Escobar*,
profesor asociado, Facultad de Ciencias Económicas - Universidad Nacional de Colombia

La Universidad Nacional de Colombia (UN) debe seguir abierta a la formación de todos los sectores, en especial de aquellos con menores oportunidades de acceso a la educación superior; debe mantener su esfuerzo por consolidarse como un espacio intensivo en investigación y contribuir a procesos de innovación que se traduzcan tanto en mayor bienestar para los colombianos como en desarrollo para el país.

La UN cumple 150 años de permanencia en la vida académica, social y política del país; durante este tiempo no ha sido ajena a los devenires de la sociedad colombiana ni a los de las dinámicas mundiales. Como señalé en un artículo de 2012 (con ocasión de las reformas previstas por el Ministerio de Educación en 2011, que suscitaron la movilización del estudiantado en el país), las universidades responden a las dinámicas y relaciones sociales sobre las cuales se han instituido, en medio de las tensiones y los conflictos políticos y sociales que han caracterizado su trasegar a lo largo de la historia nacional. Este Sesquicentenario señala entonces no solo la capacidad de sobrevivir sino de incidir positivamente sobre el destino de nuestro país.

La Institución ha jugado un papel central por la manera como ha contribuido a establecer prácticas y saberes dentro de la sociedad colombiana. De ahí nuestro leitmotiv de hace una década: “140 años construyendo Nación”.

Fiel a su lema inter aulas academiae quaere verum (busca la verdad en las aulas de la academia), la Institución ha mantenido un quehacer académico y científico caracterizado por su disciplina, rigurosidad y perseverancia, además de la pertinencia en medio de las adversidades que en no pocas ocasiones ha debido afrontar.

En un entorno que se transformó en muchas dimensiones en el campo de la educación superior en Colombia, con la expedición de la Ley 30 de 1992, nuevos actores llegaron al sistema, y con ellos nuevos desafíos y demandas sociales. La Universidad supo mantener su estatus como buque insignia del sistema con la expedición del Decreto 1210 de 1993, que le reconoce su papel como la entidad que le permitirá al Estado “promover el desarrollo de la educación superior hasta los más altos niveles”.

Hoy, más de dos décadas después, la UN no ha sido inferior a ese mandato. No solo posee la oferta disciplinar más amplia del país –con 95 programas de pregrado–, sino que desde hace varias administraciones se ha propuesto consolidar la formación de posgrado con una oferta actual de 349 programas entre doctorados, maestrías, especialidades médicas y especializaciones, todo ello manteniendo los niveles de calidad como lo certifica la acreditación de sus programas de pregrado y los de posgrado que ya han surtido dicho proceso ante el Comité Nacional de Acreditación (el 61 % de los programas de doctorado acreditados en el país son de la UN).

Además es la única universidad con real presencia regional, no solo por la diversidad en el origen geográfico de sus estudiantes, sino también por el desarrollo de sus ochos sedes en los cuatro puntos cardinales. Son de resaltar el Programa de Admisión Especial (Paes) y el Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) que le han permitido llegar tanto a las regiones más desatendidas como a las poblaciones más vulnerables, en consonancia con su compromiso de inclusión social.

Con más de mil grupos de investigación, 535 categorizados por Colciencias, la UN se mantiene a la vanguardia en la investigación universitaria del país. La Institución es un espacio plural en miradas disciplinares, enfoques conceptuales y diversidad cultural, que es quizás su mayor riqueza. Gracias a ello por dos años consecutivos ha sido considerada como la primera universidad del país en el qs Quacquarelli Symonds y la mejor en investigación en el ranking scimago.

Afirmar que en el campo de la educación superior el contexto es distinto hoy, supone reconocer que existen otras universidades públicas y privadas que sobresalen igualmente por su quehacer académico e investigativo. Como lo muestra el estudio del Banco de la República, de febrero del presente año, las primeras son las que mayor valor agregado generan en los estudiantes potenciando sus logros académicos. De ahí la importancia que adquiere la educación pública.

La historia cuenta

¿Cómo pensar el futuro de la UN dada su trayectoria y el contexto en el que hoy se mueve? Permítaseme abordar el primer aspecto. Un concepto ampliamente utilizado en las ciencias sociales, y en particular en economía, es el de las “trayectorias dependientes”, que, en un resumen apretado, como lo definen sus especialistas, significa “la historia cuenta”.

El acumulado del saber y del desarrollo institucional de la UN son sus mejores apuestas para proyectarse a futuro. Dicho de otro modo, aunque el contexto puede afectar el devenir de la Universidad, una característica propia es la búsqueda permanente de la excelencia académica.

Otro aspecto no menos importante es el interés por lo público, que le ha valido el reconocimiento para ser llamada a dirimir conflictos de distintos órdenes, y cuya mejor expresión fue el papel que jugó en las negociaciones de La Habana como facilitadora de los diálogos. Ese legado de las distintas áreas del saber, que en un esfuerzo mancomunado y monumental de más de 160 autores será recogido en una pronta publicación de la actual Rectoría, muestra las huellas que abrirán los cursos sobre los cuales habrá de transitar la universidad pública más importante del país.

La UN, como cualquier otra universidad, afronta un contexto internacional que, en resumen, se le conoce como la “sociedad –o economía– del conocimiento” y que ha conducido a una serie de presiones en el ámbito de la globalización en torno a las mediciones sobre el desempeño de las instituciones de educación superior (IES) y de sus comunidades. La expresión de ello son los llamados rankings, que se traducen para los docentes en una serie de requisitos como el tipo de publicación en la cual son editados sus artículos o trabajos académicos; las cualidades que deben tener los profesores y los egresados; y cómo debe ser su relación con la sociedad, entre otros.

Lo anterior ha obligado a las IES a moverse en medio de un dilema entre satisfacer las demandas de un entorno en el que no están ausentes las visiones productivistas, o mantener sus tradiciones de formación académica y las de su propia comunidad científica. Si hace solo unos años se hablaba de las universidades intensivas en investigación, hoy se habla igualmente de universidades para la innovación. Sin duda el desarrollo científico-técnico ha estado en la base de estas nuevas dinámicas que hoy se traducen en trasformaciones no desdeñables en estilos de vida, en los procesos de toma de decisión, y en el mismo quehacer docente e investigativo. El sector de las nuevas tecnologías genera un entorno distinto a la manera como se hacían las cosas hace tan solo unas décadas.

El futuro de la UN depende de la manera como acopie los frutos de toda su trayectoria institucional y académica; así como ha estado a la altura de responderle a la sociedad colombiana fiel a su lema de buscar la verdad, hoy debe –con la misma independencia intelectual y científica–, responder a las nuevas demandas sociales, con apertura intelectual y haciendo uso de su capacidad de resiliencia para seguir sirviendo al interés público y garantizando su calidad académica.

En otras palabras, se trata de hacer del dilema entorno internacional vs. tradición institucional un proceso de “selectividad estratégica”, como lo llama el sociólogo Bob Jessop, para mantener el rol de buque insignia. Esto supone, a mi juicio, hacer de las tres funciones misionales un continuum entre investigación, formación y extensión. La formación de calidad supone estar en la frontera del conocimiento, y la contribución o extensión social no se puede pensar hoy sin procesos de innovación que apunten a resolver demandas sociales, económicas y políticas.

Esos son los senderos recorridos que en la celebración de los 150 años de existencia nos muestran el futuro.

*Coordinador general de los eventos del Sesquicentenario.



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